Cargando indicadores...
Córdoba Logo
Imagen del artículo
Opinión

Antropoética

Álvaro Bustos González*
Álvaro Bustos González*
Columnista
25 de junio de 2023

Juan Villoro reflexiona sobre la obra de Morin, destacando la necesidad de una ciudadanía planetaria igualitaria para enfrentar desafíos globales. La unión es clave ante la capacidad destructiva humana.

Por Álvaro Bustos González Transcribo parte del final de un ensayo de Juan Villoro (El sueño de la razón, El Malpensante 236) sobre la obra de Edgar Morin (Los siete saberes necesarios para la educación del futuro), para recordar que cuando Goya dijo que el sueño de la razón produce monstruos se refería a que la razón nunca se debe quedar dormida: "Los quebrantos del planeta exigen respuestas globales, algo que se hizo evidente con el coronavirus, que logró unificar el espanto. La respuesta certera consiste en unificar las soluciones. La capacidad de destrucción de la especie humana se ha puesto de manifiesto una y otra vez. En consecuencia, debemos sobreponernos al peor enemigo: nosotros mismos. La ciudadanía planetaria propuesta por Morin solo es posible si las más diversas poblaciones se integran en condiciones de igualdad, algo difícil de imaginar en un tiempo en que los necesitados migran durante años por países de África y se juegan la vida al cruzar el Mediterráneo en embarcaciones sin más brújula que el azar, o suben en México a un calvario de fierro, el tren llamado "la Bestia", con la esperanza de encontrar trabajo en los Estados Unidos y no morir en el desierto donde los cadáveres se incorporan a la estadística y son descritos con un tranquilizador eufemismo: the body count, "la suma de cuerpos". La integración planetaria no puede ocurrir en la inequidad. No se trata de "respetar" a los mayas o los mapuches, sino de comprender que todos los eslabones de la cadena humana tienen igual importancia y exigen una normatividad de especie, una antropoética. El camino que va de la producción al consumo debe fundarse en algo más que "el comercio justo": la identidad compartida. El campesino zapoteca que le pide perdón a la tierra para plantar una semilla forma parte de la misma dinámica que el ejecutivo hipster que desea comer una ensalada sin pesticidas ni fertilizantes químicos. Homologar al ser humano es venturosamente imposible. La ciudadanía planetaria no evitará que unos tengan sueños proféticos, otros descubran formas en las nubes, otros aguarden milagros y otros solo crean en lo que se puede verificar. El vino tinto y el blanco, la playa y la montaña, lo dulce y lo salado seguirán distinguiendo a una especie que ama las disyuntivas pero que solo sobrevivirá si se pone de acuerdo. Ese consenso compete al planeta entero". *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.