Años de soledad
El realismo mágico de García Márquez revolucionó la literatura hispana tras la publicación de "Cien Años de Soledad". Un análisis explora sus raíces caribeñas y el contexto cultural colombiano que lo hizo posible.
Por Luis Manuel Espinosa Cuando se publicó Cien Años de Soledad, la obra cumbre de Gabriel García Márquez, no solo el mundo colombiano sino el de habla hispana, se asombró con la novela. Desde entonces, se conoció lo que ya comenzaba a denominarse realismo mágico. Fue Alejo Carpentier, quien acuñó este término para designar una expresión cultural. Se hacía evidente que la realidad sobrepasaba la imaginación, y eso en verdad, solo podía ocurrir en el Caribe, donde se fusionan las razas y se encuentran las culturas; de manera que de esa hibridez surge una idiosincrasia que solo se explica a través de la música y la poesía. Y es que África, permea racial y culturalmente toda América a través del Caribe, del que surge una cultura que no tiene igual en ninguna parte del universo y una visión única en su género, por lo que la literatura como la música y la plástica habrían de sufrir esa influencia. En Colombia, a mitad del siglo pasado, únicamente se atendía lo que ocurría al interior andino en materia literaria y las publicaciones casi todas versaban sobre un país afianzado en su centro político. Ni siquiera el Tuerto López era lo suficientemente conocido si se compara con otros poetas nacionales, como tampoco la novela pasaba de la María de Jorge Isaac, ni lo pictórico interesaba. Se puede afirmar que se estaba en una especie de edad media. Lo que significa también, que algo bueno se estaba cocinando. La Vorágine de José Eustacio Rivera constituye un adelanto en ese sentido. En aquel momento de aparente calma, irrumpe Gonzalo Arango con su Nadaísmo que revoluciona la literatura al hacerla más atrevida. Y afloran igualmente algunos exponentes del Caribe con sus relatos, se supone, productos de una imaginación más que prodigiosa, maravillosa. Entre ellos, José Félix Fuenmayor, Héctor Rojas Herazo y Manuel Zapata Olivella. Al otorgarle el premio Nobel de literatura a García Márquez, surgieron los gabólogos, quienes explicaron la causa de ese fenómeno literario. Los escritores de entonces habían pasado por Bogotá, allá abrevaron en esa fuente que resumía lo que era culturalmente Colombia y los del Caribe tampoco escaparon a esa influencia. García Usta, por ejemplo, refirió como aprendió a escribir García Márquez. Otros, como Huertas Vergara, que aquello era el resultado de la mezcla de arijunas y sabaneros, atendiendo que la madre de Gabo era de proveniencia guajira y su padre, de origen sabanero. Sin desconocer el aporte de los biógrafos garcíamarquianos, Elmer de la Ossa, acota, que todo se origina en Sincé. Tanto los relatos como el estilo, que derivan de un ambiente, cuyo fundamento corrobora Roberto Burgos Cantor, al rescatar al Grupo Bogotá.