
Añoranzas de la Feria de Lectura

La feria literaria Un Río de Libros, símbolo cultural de Montería, enfrenta desafíos tras su novena edición. La participación estudiantil, figuras literarias y espacios clave disminuyeron, pero la feria persiste.
Por Orlando Benítez Quintero Un Río de Libros, ese oasis cultural nacido hace casi una década en Montería para fomentar la lectura, se ha consolidado como un símbolo para los amantes de las letras en el Caribe. Su propósito no es competir con grandes ferias, sino algo más esencial: cultivar el hábito de leer en una región que lo necesita, donde el libro no es un objeto, sino un portal hacia mundos nuevos. Sin embargo, tras su novena edición, queda la impresión de que el río ha perdido parte de su caudal. Programar la feria al final del año escolar, cuando los colegios salían a vacaciones, redujo la participación estudiantil, afectando la conexión con los jóvenes, uno de los mayores logros del evento. Aunque desconozco las razones de este cambio, es evidente que también pudo haber complicado la logística, limitando la llegada de figuras literarias y artísticas de renombre que han enriquecido ediciones anteriores, como Juan Gabriel Vásquez, Héctor Abad Faciolince, Piedad Bonet e incluso Piero. La presencia de esta clase de personajes no solo eleva el perfil del evento, sino que fomenta el diálogo y atrae más público. En contraste, algunas participaciones de esta edición, aunque bienintencionadas, no alcanzaron ese nivel. Se extrañaron los espacios dedicados a la literatura infantil, esenciales para inculcar el amor por los libros desde temprana edad e involucrar a las familias. Es destacable la inclusión de actividades musicales y de lectura, aunque podrían integrarse mejor al núcleo del evento. Es hora de abrir la Feria a la ciudad y al río que la inspira. Un Río de Libros debería buscar una mayor conexión con el Sinú y salir de los espacios cerrados. Además, se debe potenciar la difusión y organización para que las actividades lleguen a más personas y las librerías invitadas, que hacen grandes esfuerzos por participar, reciban mayor apoyo antes, durante y después del evento. Estos desafíos no opacan el esfuerzo de los organizadores por mantener viva la feria. La inclusión de temas actuales, como la inteligencia artificial y las tendencias sociales, refleja su intención de vincular la literatura con el presente. Un Río de Libros sigue siendo un faro cultural para Montería, un logro colectivo que debe cuidarse y fortalecerse. Aunque esta edición dejó áreas de mejora, es crucial aprender de estas experiencias para crecer. Este espacio, vital para la región, es una apuesta al futuro que debe permanecer fiel a su esencia: fomentar el amor por la lectura. Que este río cultural siga fluyendo con fuerza hacia más ediciones llenas de vida, letras y oportunidades. Al final, es una feria que le pertenece a la ciudad.