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Opinión

Año nuevo... vida nueva

Salvo Basile
Salvo Basile
Columnista
6 de enero de 2024

Año nuevo, propósitos nuevos. El autor comparte consejos irónicos y reflexiones para políticos, personalidades y ciudadanos, abarcando desde la política hasta la vida cotidiana.

Por Salvo Basile Como todos los años, la madrugada del primero de enero nos encuentra víctimas de nuestra misma falta de fuerza de voluntad, y entre los humos de la amanecida nos atrevemos a estipular una póliza de cumplimiento de unos propósitos de vida que año por año incumplimos. O porque no estamos contentos con lo que tenemos o porque queremos tener algo más, que supuestamente nos haría más felices. Este año que me encontró sin sombra de guayabo, me puse la tarea de aconsejarles a unos personajes amigos, o no, una serie de propósitos para el bien común. Para comenzar desde la cabeza: al Presidente, le sugiero que cuente hasta diez antes de hacer declaraciones del interés de la nación; a la futura candidata a la presidencia, la señora Cabal de Lafaurie, entender que si le va mal al Gobierno, le va mal al país; a los gringos que irán pronto a las urnas, que voten por Biden –mejor un viejo que un insensato–; al flamante alcalde de Bogotá, que estudie bien los discursos de su gran padre y aplique su política; a Paloma Valencia, que pelee más por defender al país que por atacar a Petro; a Miguel Uribe, dejarse la barba; a Carlos Vives, que haga las paces con su hermano Guille; y a los Char, que no usen más cemento. Este año  que me encontró sin sombra de guayabo, me puse la tarea de repartir consejos. Le aconsejo a Dumek Turbay que siga pidiendo prestado el exorcista del Vaticano; a William Dau, que siga su lucha anticorrupción; a la nueva directora del Instituto de Cultura de Bolívar, Lina Rodríguez, que aplique las experiencias de 15 años de gerencia para el Ficci; a los turistas y visitantes, que consideren a Cartagena su ciudad y que la mantengan limpia y segura; a los cocheros, que cuiden sus caballos como si fueran corceles de raza; a las trabajadoras sexuales del centro histórico, que hagan esfuerzos para cambiar esta cara de la ciudad; a los contratistas del PAE (Plan de Alimentación Escolar), que piensen que están alimentando a sus propios hijos; a los Bancos de Alimentos de Colombia, que sigan la labor maravillosas que están realizando; a mi Fundación Corazón Contento, desarrollar un plan para que se vuelva autosostenible; a los pandilleros, que entiendan que es más fácil ser buenos seres humanos que malos; y a los mototaxistas, que cumplan la regla de tráfico para salvar miles de vidas, incluso las de ellos mismos.