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Opinión

¿Anarquismo sobre ruedas?

Glenda K. Fuentes
Glenda K. Fuentes
Columnista
24 de agosto de 2024

La invasión de motos en espacios peatonales y ciclovías genera caos urbano. La falta de control y el incumplimiento de normas ponen en riesgo a ciudadanos, afectando la calidad de vida.

Por Glenda K. Fuentes Hace unos días decidí salir a trotar y disfrutar de la ciclovía, un espacio que debería ser un refugio de esparcimiento y bienestar en medio de la rutina diaria. Sin embargo, lo que sería una experiencia relajante se transformó rápidamente en una situación estresante. Las motos, que no deberían tener acceso a estas zonas, se han apropiado de ellas, circulando con absoluta imprudencia y libertad. En la ciclovía peatonal, un lugar diseñado para que las personas puedan caminar, correr, o montar bicicleta de manera segura es más frecuente ver motocicletas zigzagueando entre los peatones que personas ejercitándose. Esto no es una situación aislada, sino el reflejo de una problemática más amplia que afecta a toda la ciudad: la invasión de las motos en espacios públicos, y la alarmante falta de control por parte de las autoridades. No solo es en esta zona, es en toda la ciudad, las motocicletas se han convertido en protagonistas de un desorden generalizado. Se suben a los andenes, circulan en contravía, invaden carriles destinados a bicicletas y peatones, y muchas veces se movilizan con sobrecupo y sin los elementos de protección adecuados. Esta situación además de poner en riesgo a quienes transitan por la ciudad, genera también una atmósfera de anarquía y desorden. El asunto va más allá de la falta de respeto por las normas de tránsito; es un síntoma de un control débil y de una gestión ineficaz de la movilidad urbana. Las motos, que deberían seguir reglas estrictas para garantizar la seguridad de todos, incluyendo la propia y la de su pasajero, parecen operar bajo sus propias leyes. Esto ha creado una ciudad donde los peatones y ciclistas, que deberían sentirse seguros en los sitios diseñados para ellos, viven en constante alerta. La pregunta que todos nos hacemos es: ¿Quién controla esta situación? La respuesta, desafortunadamente, parece ser nadie. En muchos casos, las autoridades locales están atrapadas entre la necesidad de regular el tráfico y la de cumplir las promesas políticas que quizás hicieron en campaña a los motociclistas y a su gremio. Muchos candidatos, en su afán de ganar adeptos, prometen flexibilidad a los motociclistas, dejando de lado el bienestar general. Este descontrol tiene un impacto negativo en la calidad de vida de los ciudadanos y en cómo nos ven nuestros visitantes, lo que repercute directamente en el desarrollo económico y social. Es fundamental que se tomen medidas contundentes para regular el uso de las motos en la ciudad. Las autoridades deben asumir su responsabilidad, no solo en la implementación de normas más estrictas, sino también en su cumplimiento efectivo. No se trata de demonizar a los motociclistas, sino de garantizar que todos los ciudadanos, independientemente del medio de transporte que utilicen, puedan transitar de manera segura y ordenada. "Una ciudad segura es responsabilidad de todos, empezando por quienes la gobiernan".