
Ana Magdalena y Filomena

Tras la polémica por la obra póstuma de García Márquez, "En agosto nos vemos", se defiende su calidad. El análisis destaca la belleza de la prosa y la conexión personal del autor con la historia.
Por Álvaro Bustos González* El comentario fúnebre de Juan Gossaín por aquellos días, cuando dijo que Memoria de mis putas tristes era una obra indigna del talento de García Márquez, pudo haber condicionado con indebida anticipación los inevitables prejuicios que se acumularon antes de la aparición de En agosto nos vemos, que venía siendo considerada como una obra menor a priori, escrita a troche y moche por un hombre preso en las garras del Alzheimer. Por fortuna el premio Nobel J. M. Coetzee dejó saber a voz en cuello su opinión, y afirmó, para que lo oyera todo el que quisiera, que Memoria de mis putas tristes, sin ser una gran obra, en nada desmerecía de su autor, y el tema quedó saldado. Luego de los comentarios favorables a la noveleta de Ana Magdalena Bach proferidos por Héctor Abad Facio-Lince, William Ospina y José Luis Garcés González, el tema queda cerrado: si García Márquez consideró que la nouvelle no servía era porque ya no estaba en condiciones de valorar su propia obra, y no porque esta no sirviera. Deben leerla. Es un cuento largo dividido en siete segmentos con una historia central sin desenfoques narrativos, con una prosodia deliciosa y, por supuesto, musical, y unas adjetivaciones tan borgesianas que se me antojan escritas a propósito, como un callado homenaje al minotauro de Buenos Aires. Pero mi remembranza va por otro lado. Una sola vez en el relato aparece Filomena, la criada de Ana Magdalena, y eso me hizo recordar a mi madre y el origen mítico de su nombre. Filomela fue la hija de Pandión, un rey ateniense, que tuvo una hermana, Procne, casada con Tereo, rey de Tracia. Resulta que cuando Tereo, por una razón miserable, quiso matar a su mujer y a su cuñada, estas se metamorfosearon y terminaron convertidas en una golondrina y en un ruiseñor respectivamente. Desde ese entonces se sabe que las Filomenas aman el canto. No lo dudo. Me parece estar viendo a mi madre, meciéndose en una hamaca, cantando El Relicario como si fuera Sarita Montiel. Hay cosas en la vida que no se pueden olvidar, como el amor de madre y la buena literatura. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.