
América… siempre

América, un crisol de aromas exóticos y sueños dorados, emerge como escenario de viajeros y visionarios. Un mundo de magia, naturaleza y esperanza, vibrante y lleno de promesas.
Por José Arturo Ealo Gaviria Donde jamás se pensó que no había más mundo vendría una nueva realidad. Se convertiría en escenario de viajeros, de visionarios y de ideales: América, repleta de diversos aromas. Escenario de farándula exótica y llena de encantos, de algarabía y plenitud del alma. En ese mar Caribe, con trémulo seno de esmeralda, había expectativas de un sueño dorado. Atraía. Fascinaba, como fascinan los ojos verdes y traicioneros de las hadas que habitan palacios de cristal en las profundidades de las aguas. En esos primeros viajes, ya lejos y preñados de lontananza azul, se regodeaban horas felices. Se percibía un esbozo fantástico de viejos placeres. El lamento informe y sinfónico de las olas desperezaba un mundo de lejanos recuerdo, de rasgos atenuados. Había abundancia. Tierra amiga del sol que todo lo madura. Gozo de maizales. Doblar de árboles musgosos al viento con el peso y sazón de su variedad de frutos. Rellenos de almíbar. Brote de abrir capullos más y más, de flor sosegada para las abejas. América se reclina y extiende a sombra de palmeras y a la vez bajo un cielo de eternas primaveras guardada por esa mano Divina. Encanta. Deleita. Maravilla. Mundo de tonalidades que duerme entre sus aves y arrullado por el entusiasmo de su música. Sí, eso es América, ¡eso es América! Sobre su tierra suavemente se elevan puñados de formaciones a manera de vivas. Sus hojas de día y espuma de rocío brotan melodías al viento. Sonrisas perfumadas. Alas que embozan el mundo. Navíos cargados con el cielo y el mar. Cazadores de sonidos. Fuentes de colores por doquier. Aromas que nacen en un enjambre de auroras. Yace un heno de astros. En esta tierra de promesas el mundo entero depende del espíritu nativo, de todas sus riveras surcando y abriéndose a través de bosques y selvas. América es de una impresionante intensidad, de tierras deslumbrantes, de magia, junto a esos inevitables despeñaderos. Hasta parecen astros borrosos. Hay de todo. Como es lógico, en este continente inmenso y desmesurado, hay una visión completa de la historia del hombre americano con sus avatares sociales y políticos. Aquí no se olvida la fuerza desencadenada de la naturaleza, la sombra implacable de lo trascendental y manteniendo, pese a todo, siempre encendida la llama esperanzada del amor. Quienes vivimos en este gran promontorio de tierra, lo valoramos desde la perspectiva de esta maravillosa ambición llamada América.