
Ambiente enrarecido

El cese al fuego con el ELN genera controversia. La guerrilla niega el pacto, mientras el gobierno busca acelerar negociaciones de paz. La oposición critica, pero la esperanza de paz persiste.
Por: Miguel Mercado Vergara El mensaje del gobierno anunciando un cese bilateral al fuego con el ELN ha creado un ambiente enrarecido en torno al conversatorio de paz total que viene planteado desde los tiempos de campaña. Y lo ha enrarecido esa propia agrupación armada al negar que haya existido algún pacto con los sectores oficiales sobre ese particular. Para aplacar los ánimos, las voces que auspician los diálogos han dicho que la intención del gobierno de declarar el cese bilateral al fuego era abreviar al máximo los tiempos de conversación y estimular los espacios de negociación política. Y frente a ese panorama también replica el ELN diciendo que ellos solo cumplen lo que se discuta en la mesa de diálogos en que participan y que no admiten como acuerdo un decreto unilateral del gobierno. Desde la oposición, como era de esperarse, han surgido todo tipo de reacciones encaminadas a fustigar sin clemencia al Presidente Petro. El episodio tiene tanto de largo como de ancho y está matizado de varios colores, como siempre será todo lo que tenga que ver con las negociaciones que se quieran plantear alrededor de la búsqueda de la paz en el país porque, dígase lo que se quiera decir, las complejas realidades que giran en torno a nuestro conflicto interno todos los días se parece más a la hidra mitológica que cada vez que le cortaban la cabeza dos o más le salían de nuevo. Nadie desconoce las buenas intenciones del gobierno empecinado en lograr una paz total, así como nadie puede desconocer las dimensiones positivas que para el país entero representa esa conquista. Sin embargo, no deja de ser lastimoso que a la hora de la verdad le surjan tantos malquerientes a un proceso que es trascendental para nuestra existencia como nación democrática y determinante para enrumbarnos por los caminos progresistas que todos queremos transitar. Aquí no hay ciudadano de cualquier estrato que no anhele vivir sin los derramamientos de sangre y acciones violentas que son de registro diario. Este sentimiento no hay que dejar que se pierda y debe sobreponerse a los intereses subalternos que ven en la guerra y el conflicto una manera de obtener provecho. Ciertamente, el ambiente de paz está enrarecido, pero todo ese estremecimiento suscitado debe ser aprovechado para aglutinar consensos y lograr acercamientos, pero no para dejar en el vacío las esperanzas de todo un país que ansía desterrar la violencia.