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Opinión

Alerta democrática: la Constitución no se toca

Alonso López Rhenals
Alonso López Rhenals
Columnista
29 de mayo de 2026

Saturado con las encuestas presidenciales de los últimos días, me vi en la necesidad de despojarme momentáneamente de mis predilectos textos de derecho penal para dar paso a una lectura más apropiada para esta época electoral, en la que se avecina la elección de quien será nuestro próximo presidente.

Escuchaba en las horas de la mañana, y en el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, al gran jurista J. Mauricio Gaona, quien hacía una breve pero espléndida explicación de su obra “La Constitución soy yo: cuando la norma es el arma que desmantela la democracia” Una advertencia histórica”. El impacto que me produjo su exposición sobre el contenido del libro fue tal, que de inmediato pasé a darle lectura. No se trata aquí de hacer una reseña sobre el texto, pues ello conllevaría un análisis mucho más estructurado dada la altura intelectual de la obra. Lo que sí provocó en mí fue una obligatoria y profunda reflexión; no tanto sobre por quién votar, sino por quién, definitivamente, no votar. Al revisar algunos de los postulados genéricos de las campañas actuales, encontré que una de las propuestas plantea la reforma a la Carta Política a través de una Asamblea Nacional Constituyente bajo el argumento de que es una vía para hacer efectivos los derechos fundamentales y que las reformas sociales no sean bloqueadas por el Congreso. Fue allí donde mi mente se remitió a la lectura precitada y entendí el riesgo tan inminente que esto significaría para el futuro del país. Esa vehemente voluntad de modificar la Constitución indica que al candidato no le sirve el marco jurídico actual y que necesita adecuarlo a sus intereses. El camino para lograrlo es conocido: primero, convencer a las masas a través del populismo, exacerbando la necesidad de un cambio radical, para luego concretar la sustitución de la norma. Lo verdaderamente peligroso es que los gobernantes deben privilegiar la protección de la Constitución para que sea ella la que se encargue de proteger el Estado de derecho. Lo opuesto —modificarla para apropiarse de ella y moldear el poder a la medida de un proyecto político individual— es donde radica el verdadero problema. Es ahí donde corremos el riesgo de convertir a aquel candidato que lo propone, y que una vez elegido lo ponga en marcha, en un auténtico aspirante a dictador, quien podrá allanar el camino hacia una dictadura constitucional.