Cargando indicadores...
Córdoba Logo
Imagen del artículo
Opinión

Al caer las seis de la tarde

José Arturo Ealo Gaviria
José Arturo Ealo Gaviria
Columnista
9 de junio de 2025

En los años 60 y 70, la sirena de Kola Román anunciaba el final de la jornada laboral en Montería. Era la señal para sintonizar las radionovelas como "Kalimán" y sumergirse en sus emocionantes historias.

Por José Arturo Ealo Gaviria Eran las seis de la tarde. Como si una vehemencia de alaridos estremecieran los claroscuros del acontecer vespertino, una sirena ululaba el anuncio de salida para quienes laboraban en la Kola Román de Montería de los años sesenta y setenta del siglo pasado. Esa onda acústica se propagaba. Erraba y agonizaba más allá de los confines de la Perla del Sinú. Esos atardeceres se expresaban con ínfimas pausas en el tiempo y acontecimientos vaciados en el sosiego. Era la hora de dar un clic y encender los circuitos del radio. Bullían las ondas hertzianas en amplitud modulada. Después de turbios sonidos en el dial se escuchaba la voz de un presentador: "Todelar, sistema radial, 'nos oyen y nos creen', presenta a Kalimán: 'El hombre increíble', protagonizada por el actor Gaspar Ospina. Disfrute desde ya a 'Kalimán' y 'La araña negra'". Luego se escuchaba la voz masculina, gangosa y misteriosa del narrador con un fondo musical tenebroso: "Nuestro héroe y su amigo Solín llegan a la ciudad de Tánger, Marruecos, África, para encarar a su némesis: 'La araña negra', un mercenario de aquella Alemania de la Guerra Fría y posterior asesino a sueldo. El hermoso transatlántico surca las verdes aguas de la bahía. La sirena ulula anunciando su llegada a Tánger: la ciudad exótica del misterio y la leyenda, puerta de entrada a tierras de Marruecos…" "Tánger, nido de delincuentes, aventureros y fugitivos…", igual de fugitivos a esos horarios de radionovelas como "Arandú": 'El príncipe de la selva', y su fiel compañero Taholamba; "El derecho de nacer"; "Tamakún": 'El vengador errante'; "Los cisnes azules", "Renzo el gitano", "Kadir el árabe" y "León de Francia". Eran melodramas difundidos por capítulos, cuyos recursos eran los diálogos, música y efectos sonoros para recrear escenas y personajes. Estimulaba la imaginación del oyente, invitándolo a participar en la trama y crear imágenes, igual a esas imágenes del atardecer monteriano con el vuelo de las golondrinas, llevando bajo sus alas al viento a navegar hacia el sol y a levitar el primer temblor de la luna. Su aletear simboliza libertad, ser libre. Un vuelo de a miles surcando el crepúsculo en trinos de confianza. A medida que agonizaba el día, cautivos bajo la atmósfera y ese viaje hacia las radionovelas, eran esos atardeceres. Si aguardabas demasiado te los perdías. Hora del crepúsculo. Solo quedaba esperar el nuevo capítulo luego que pudiera suceder cualquier cosa al caer las seis de la tarde.