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Opinión

"Ajá, ¿y por qué se van?..."

José Arturo Ealo Gaviria
José Arturo Ealo Gaviria
Columnista
5 de mayo de 2025

La canción "Abandonaron el campo" del Joe Arroyo refleja el desplazamiento rural por la violencia. El texto explora la soledad del exilio y la búsqueda de refugio en la memoria y la escritura.

Por José Arturo Ealo Gaviria "… Se queda solo el platanal y la frutica de mamey, / abandonaron el campo como si perdieran la fe". Son dos versos de índole social tomados de la canción género musical salsa "Abandonaron el campo" incluida en el álbum "El campeón" (1982) del Joe Arroyo y La Verdad, al expresar el agravio y desdicha tanto de hombres y de mujeres al ser desplazados del área rural por razones de la interminable violencia y guerra que se vive a diario. Hay una gran sensación de soledad cuando las personas abandonan los campos y se mudan a las ciudades. Es difícil encontrar esa conexión humana a medida que se aleja del lugar donde comienza. Muchos se refugian en la infancia. Y hay quienes recurren, entre otras cosas, a las historias. Escribir una historia, leer una historia, es ser un refugiado de la condición de refugiados. Escritores y lectores buscan una solución al problema del paso del tiempo, de aquellos quienes se han ido ya no están y quienes se irán. Cada quien se irá. Hubo un momento cuando todo era posible. Habrá un momento en que nada será posible. Entre tanto, se crea. Cuando se emigra, se asesina de esas vidas a aquellos que dejan atrás. La memoria de un terruño no vive en su materia —ni en la cal y en las piedras de sus casas—, sino, más bien, en los hechos y las palabras, en el alma de las personas que en otro tiempo lo habitaron y, a pesar de estar lejos de él, aún le recuerdan de una manera auténtica, profunda. A algunos no se les ha permitido pisar aquellos caminos que desearían volver a ver. Evocan a oler el humo de sus cocinas, a escuchar sus silencios, perderse a contemplar los cielos del atardecer o, simplemente, sentarse en un tronco o una piedra a orillas del camino. Se les echa de menos. Es el momento en el que huelen la tierra, recuerdan cantar a las aves que normalmente se hacía imperceptible junto al rumor del viento y el sabor de lo auténtico. Respiran. El abandono de ese campo huele a silencio, genera un espacio que se llena de gritar hacia dentro. Hay caminos que separan las siembras donde los murmullos del viento ronronean componiendo los versos que construyeron una vida. Ese es el destino, "… si aquí tenemos el 'pejcao' vivito, la yuca todavía con piedra y el plátano con la goma todavía…"