
Acoso escolar

El matoneo escolar siempre ha existido y antes se arreglaba a los golpes, perpetuando la intimidación en el perdedor de la pelea, que solía ser, como no, la víctima del acoso. Pues, como es lógico, el ataque estaba siempre respaldado por un desequilibrio de edad y corpulencia.
Que las cosas hayan ocurrido anteriormente, y durante mucho tiempo, no quiere decir, por eso, que estuvieran bien. Barbaridades como la esclavitud tuvieron lugar a ojos y amparo de la ley. Según la Unicef, una situación de acoso escolar prolongada puede llevar al desarrollo de cuadros de estrés, ansiedad, depresión, sentimientos de aislamiento y falta de autoestima, entre otros problemas. También aseguran que los acosadores sufren consecuencias negativas como dificultades de adaptación social y baja autoestima. Y si sus conductas no son intervenidas a tiempo, pueden derivar en problemas sociales y legales, llegada la adultez. Gracias a las nuevas tecnologías, a los teléfonos inteligentes y a las redes sociales, estos eventos de abuso escolar están cada vez más expuestos a la palestra pública. Es aquí donde la sociedad debe actuar con madurez, sin amenazas violentas, ejerciendo presión social para que acosado y acosador sean tratados por profesionales especializados, para que ambos subsanen ese incidente sin que queden consecuencias a futuro. Sin embargo, la mano dura debe existir, pero no como antes a fuerza de golpes, sino ejercida por los colegios en el sentido de no tolerar la más mínima de las agresiones a cualquier estudiante, interviniendo pronta y adecuadamente e informando a la comunidad estudiantil. Una muestra de falta de claridad se presenta en un prestigioso colegio monteriano que, inmerso en una situación de este tipo, no ha dado una respuesta clara a la opinión pública de los sucesos ocurridos. Dejando espacio a especulaciones que afectan el buen nombre de la institución. Como queda evidenciado en la noticia de este diario “Silencio en la Salle, mientras crece escándalo por matoneo”. La escuela tiene la responsabilidad de ir más allá de aplicar el reglamento: debe crear espacios seguros y capacitar a los docentes en mediación y detección del acoso. Pero la solución también pasa por las familias. Criar a nuestros hijos en valores es fundamental. Inculcarles la empatía y enseñarles a no ser cómplices pasivos, es clave. Y, por último, la sociedad debe tomar partido, olvidar las maneras del pasado y defender la integridad y la dignidad de cada uno de nuestros niños. Únicamente de esta manera lograremos desterrar el matoneo.