
"Acabaron con mi vida"

El debate sobre los derechos animales y la hipocresía de ciertos sectores progresistas. ¿Por qué la sensibilidad selectiva ante el sufrimiento? El autor analiza estas contradicciones.
Por Álvaro Bustos González* Fue lo que atinó a decir César Rincón el día que un grupo de parlamentarios, activistas por los derechos de los animales, prohibieron las corridas de toros en Colombia. Ya que los animales tienen derechos, ¿cuáles serán sus deberes? Ellos lo sabrán, César, aunque jamás le hayan dado a su patria la gloria que tú le diste con tu maestría y tu valor. Asumiendo que la mayoría de esos activistas son progresistas, no te extrañes que sean partidarios del aborto provocado sin límites y de la hipersexualización de la infancia, sometida hoy a terapias hormonales para darle gusto a la percepción que cada jovencito tenga de su género. Por supuesto que ellos van a restaurantes, aunque algunos sean veganos, y nunca piensan en lo que pasa en los mataderos ni en los galpones de pollos, donde casi nunca apagan la luz. Los animalistas fanáticos, si son progresistas, apoyan dictaduras despreciables y regímenes que discriminan en todo sentido a la mujer. ¿Viste la bandera de las Naciones Unidas ondeando a media asta por la muerte del carnicero de Teherán? Ellos tienen una sensibilidad exquisita, pero selectiva: el boxeo no los inmuta, los tratos degradantes de ciertos indígenas a sus mujeres no les merece la menor consideración. Algún día se aventurarán a prohibir el sufrimiento físico y mental, y entonces habrá que cerrar las unidades de cuidados intensivos. Mientras tanto, las mascotas servirán como antidepresivos. Estas corrientes aspiran a vivir en un mundo aséptico, libre de dolor, en el que no existan el cuerpo, el alma ni sus pasiones, sino unos individuos inasibles, puros de sentimientos y emociones, como ángeles virginales. Fíjate que a las buenas maneras del caballero las tildan de "machismo compasivo", y cualquier invitación inocente la toman como una forma de acoso sexual. ¿A qué se deberá tanta estolidez? Detrás de todo esto, César, dormita el sentido de la victimización. Esa doctrina parte de que siempre hay un poder que nos subyuga. Ellos no ven a los toreros como artistas y héroes, sino como asesinos. Tampoco les importa el perjuicio económico que producirá la prohibición. Algún día entenderán que las crueldades que nos aquejan no provienen de la lidia y muerte del toro en el ruedo, sino del narcotráfico y de las ideologías fanáticas, como la de ellos, que reclutan niños para la guerra y para desvirgarlos en los sombríos parajes de la selva. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.