
Abolir el pasado

El "woke", nacido contra la discriminación, deriva en identitarismo, victimización y cancelación del arte. Museos y colegios censuran obras. El Museo del Arte Prohibido exhibe obras proscritas, reflejo de la tendencia.
Por Álvaro Bustos González El movimiento woke, surgido como un canto de los negros norteamericanos en contra de la discriminación, se ha convertido, con el paso del tiempo, en un soporte de la ideología posmoderna del identitarismo, que tiende a victimizarse si no se acepta para sí un valor social y cultural absoluto, con derechos universales, acatados y aclamados por su mérito intrínseco. De ese modo, la universalidad de los derechos humanos pierde todo sentido, y habrá que volver a los guetos, en los que vivían solos, marginalmente, quienes tenían características afines. Nosotros fuimos testigos, hace poco, de la manía indígena de destruir las estatuas de los conquistadores sobre la base de que nuestros pueblos originarios eran dueños de todo lo existente antes de la conquista, sin que nos hayamos detenido a pensar quiénes, evolutivamente, habían habitado estos territorios. Habría que analizar, a partir de la antropología, a los homo sapiens que nos precedieron y de dónde, de qué remotas tierras, surgieron nuestros antepasados más lejanos. No hay que olvidar que antes, mucho antes de todo esto, sin embargo, anidaron virus y bacterias. En algunos colegios de la Florida se prohíbe enseñar el David, la escultura de Miguel Ángel que está expuesta en la Academia de Florencia, por considerarla pornográfica, y en algunos museos de Estados Unidos, invocando la inconveniencia de herir orgullos atávicos, han retirado de sus salas un sinnúmero de pinturas y esculturas que ningún daño hacían resguardadas en su silencio de siglos. Pero así anda el mundo: pretendiendo resolver el dolor de la memoria con la cancelación del arte. Tenemos el antecedente de Goya, quien se autocensuró por miedo a la Inquisición guardando algunas caricaturas de los vicios del clero y el poder. Pero la historia da sus vueltas, y hoy, en virtud de tantas reprobaciones, el empresario Taxto Benet abrió en Barcelona el año pasado el Museo del Arte Prohibido, que alberga muchas de las obras (no sé si en todos los casos se trate de verdaderas obras de arte) que han sido proscritas. Una de ellas, francamente grotesca, de la austríaca Inés Doujak, muestra al rey emérito de España, don Juan Carlos I, con un manojo de cilantro en la boca, sodomizado sobre una carreta por una sindicalista bolivariana en medio de un desorden de bacinicas inservibles, mientras a ella un lobezno bufo le hace la misma gracia por detrás. Sin duda, están aboliendo el pasado. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.