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Opinión

Abogado de vocación

Luis Manuel Espinosa
Luis Manuel Espinosa
Columnista
14 de septiembre de 2023

Falleció Ramiro Vergara García, figura destacada en Sincelejo y Magistrado del Tribunal Contencioso Administrativo. Su trayectoria incluyó cargos políticos y una carrera judicial influyente.

Por Luis Manuel Espinosa Fue Alcalde de Sincelejo, después de haber fungido como Secretario de Agricultura del Departamento de Sucre, siendo Gobernador Isaías Carriazo. Posteriormente fue designado Juez Penal Municipal iniciando así una carrera judicial que culminó como Magistrado del Tribunal Contencioso Administrativo. Ramiro Vergara García, había estudiado derecho en la Universidad de Cartagena, en la década de los años sesenta, cuando era Magistrado del Tribunal Superior de esa ciudad su padre el inefable Marcos Vergara Otero. Luego de lo cual se casó con su pariente Rebeca González Vergara. Había nacido en Sincelejo, donde se crio y vivió a lo largo de su vida. Se había iniciado en el ejercicio de su profesión en asocio del famoso abogado Jaime García Chadid, pero ambos cambiaron de actividad cuando la política los atrajo, llamándolos a prestar su concurso como eminentes servidores de la comunidad. De la región sucreña eran oriundos muchos de los estudiantes de derecho de esa época. Pero no todos retornarían a su tierra natal, sino, aquellos como Alberto Díaz Támara, Leonard Lenis y Nacira Núñez, llamados a regresar. Los demás tomaron rumbos diferentes hacia distintas ciudades o permanecieron definitivamente en la ciudad heroica donde habían estudiado. Fue en ese tiempo que se creó el Departamento de Sucre y aquellos estudiantes de proveniencia sabanera de la Cartagena de entonces, que creyeron firmemente en el progreso de su comarca al conseguir el ente departamental como el medio para alcanzar ese objetivo, decidieron volver. Y casi todos ellos hubieron de pasar por la administración pública, no obstante que casi todos, se alejaron de esos menesteres considerados por algunos como algo inconsistente. Los ideales juveniles se desvanecían ante la grotesca realidad de la cosa pública y ante la necesidad de una estable situación económica en lo hogareño. Ramiro Vergara, cuando alcanzó la magistratura era una persona suficientemente madura como para entender los procesos y avatares administrativos. Además de curtido y preparado para dictaminar en su desempeño, los aciertos y desaciertos de los entes gubernativos. Era indudablemente abogado de vocación, lo cual se hacía evidente dado el temperamento ponderado que poseía, a lo que se sumaba su tradición familiar en la profesión del derecho. Muy seguramente el fallecimiento prematuro de su hermano lo marcó definitivamente, dándole una apariencia de persona introvertida, sin que perdiera nunca la cordialidad que lo caracterizaba. Había aprendido en las aulas del claustro de San Agustín a convivir con la problemática estudiantil y a interactuar con sus compañeros de curso en el normal discurrir de las relaciones sociales. Y así fue, hasta cuando un día, luego de haberse retirado del ejercicio profesional lo sorprendió la parca aún en el cenit de la vida.