
Abelardo

Si las elecciones para la Presidencia de la República de Colombia fueran hoy, estoy casi segura de que el ganador sería el abogado cordobés Abelardo de la Espriella Otero. Sí, el jurista reconocido, entre otros, por defender emblemáticos casos como los de Rosa Elvira Celis o Natalia Ponce de León, encarna en estos momentos el sentir de buena parte de la Nación.
No lo decimos por las encuestas, que en estos momentos lo favorecen, aunque hace menos de dos meses anunció su candidatura, para la cual recoge firmas; lo decimos porque, en toda conversación seria en la que se participe, su nombre está presente de manera positiva, y sus ideales parecen conectarse firmemente tanto con los de la fuerza productiva de este país, empresarios e industriales, como con los del ciudadano de a pie, que, cansado de dar tumbos con un gobierno nacional que cada día da un paso más hacia la autodestrucción, encuentra en Abelardo una opción para poner orden en este desbarajuste. A él lo hemos visto no solo como abogado, con todos los pergaminos académicos y la experiencia necesarios para, con argumentos claros y precisos, y con una agudeza mental envidiable, desarmar en el acto a sus contradictores, es además columnista, autor de varios libros, creador de una bebida espirituosa, estelariza el pódcast Tertulias Defensor, ha sido cantante y hasta empresario de moda masculina. Hay quienes lo comparan con Bukele, presidente de El Salvador, y no faltan quienes le vean semejanzas con Milei, el mandatario argentino. Es posible que, por lo de outsider de la política, se acerque al segundo, y por la contundencia de sus palabras, al primero. Pero más allá de eso, a lo largo de estos años él ha demostrado determinación y coraje: lo que se propone, lo logra. Ese es Abelardo siendo Abelardo. Y sí, quizás lo que Colombia necesita para su reconstrucción es justamente eso: determinación y coraje, los de un personaje que, sin haber ocupado cargos públicos ni haberse dedicado a la política, está dispuesto a dejarse la piel para lograr que el país salga del abismo.