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Opinión

¡Abelardo, presidente!

Ensuncho De La Bárcena
Ensuncho De La Bárcena
Columnista
5 de junio de 2026

La guerrilla del M-19 surgió como protesta por el robo descarado de las elecciones presidenciales de 1970, que dieron como ganador legítimo al general Gustavo Rojas Pinilla (candidato de la Alianza Nacional Popular), pero una turbia maniobra orquestada por el presidente liberal Carlos Lleras Restrepo terminó llevando a la Casa de Nariño al conservador Misael Pastrana Borrero.

Las consecuencias no se hicieron esperar. Una generación frustrada de jóvenes que deseaba el final del Frente Nacional se alzó en armas y, junto a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, formadas en 1964, reinició la violencia política en los campos, montañas y ciudades colombianas. Un samario llamado Jaime Bateman Cayón lideró y agitó la bandera del M-19, con los mismos colores y franjas de la Anapo. Venía de las Farc, pero se distanció del fundador Jacobo Arenas por su visión de la guerra. Bateman se creía "profeta de la paz" al insistir en la solución pacífica del conflicto y la llegada al poder por las urnas. Su avión cayó a tierra en 1983, mientras volaba a Panamá. En 1985 las Farc y el Partido Comunista Colombiano fundaron la Unión Patriótica (UP), partido que surgió de los acuerdos de paz entre esa guerrilla y el gobierno de Belisario Betancur. Desde su fundación fueron asesinados más de 4 mil militantes, incluyendo a Manuel Cepeda (padre de Iván Cepeda). Los victimarios fueron el narcotraficante Gonzalo Rodríguez Gacha y varios grupos paramilitares. Jacobo Arenas murió de infarto en 1990. Tras su muerte y la caída del bloque soviético, las Farc se convirtieron en narcoguerrilla: cobran impuestos por la producción de hoja de coca, controlan el procesamiento y muchas rutas de exportación. El M-19 firmó la paz, participó en la construcción de la Constitución de 1991 y comenzó la búsqueda del poder por las urnas. A comienzos de este siglo se creó el Polo Democrático Alternativo, una coalición de múltiples partidos de izquierda, que incluía al Partido Comunista y al extinto M-19. Las Farc firmaron la paz en 2016 y Gustavo Petro llegó a la presidencia en 2022. Intentó hacer gobierno, pero su ingobernable vida personal lo llevó por oscuros laberintos populistas y de lucha de clases. Nunca entró en el rol de presidente. Su gobierno fue el de un guerrillero: caótico, improvisado, insensato y narcótico. La izquierda colombiana tuvo su cuarto de hora. Le quedó grande el poder por una razón fundamental: no comprendió que el jefe de Estado debe unir siempre, dividir jamás. Si la ineptitud de Iván Duque produjo a Gustavo Petro, la corrupción de este último produjo a Abelardo De La Espriella. ¡Merecemos la Patria Milagro!