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Opinión

Abelardo: ¿futuro presidente en ciernes?

Félix Manzur Jattin
Félix Manzur Jattin
Columnista
25 de agosto de 2025

En la política colombiana surgen con frecuencia figuras que logran captar la atención nacional con un magnetismo inusual. Uno de esos nombres que empieza a perfilarse con fuerza es el de Abelardo De La Espriella: abogado, empresario, columnista y polémico defensor de causas que han marcado la agenda pública en los últimos años. Su meteórico ascenso en el escenario político no es casualidad; responde a una vida profesional construida con disciplina, visión empresarial y una personalidad que mezcla arrojo, verbo agudo e indiscutible instinto de liderazgo.

En la política colombiana surgen con frecuencia figuras que logran captar la atención nacional con un magnetismo inusual. Uno de esos nombres que empieza a perfilarse con fuerza es el de Abelardo De La Espriella: abogado, empresario, columnista y polémico defensor de causas que han marcado la agenda pública en los últimos años. Su meteórico ascenso en el escenario político no es casualidad; responde a una vida profesional construida con disciplina, visión empresarial y una personalidad que mezcla arrojo, verbo agudo e indiscutible instinto de liderazgo. De la Espriella nació en Montería y se formó en Derecho. Desde muy temprano se destacó por su elocuencia y por la capacidad de asumir casos jurídicos de alto impacto. Fundador de De La Espriella Lawyers Enterprise, convirtió su firma en una de las más reconocidas del país, asesorando tanto a empresarios como a personajes de la vida pública. Paralelo a su labor como abogado, ha cultivado una faceta empresarial en sectores diversos, demostrando que su visión trasciende el mundo jurídico para proyectarse hacia el liderazgo económico. Su teoría del cambio se basa en la idea de que Colombia necesita un liderazgo fuerte, frontal y sin titubeos frente a la corrupción, la inseguridad y la parálisis institucional. Ha defendido, sin ambages, posturas de derecha liberal, apelando al orden, la disciplina y la meritocracia como fundamentos de un nuevo contrato social. Su temperamento lo muestra como un hombre polémico, que genera resistencias, pero que al mismo tiempo convoca lealtades. Esa mezcla de fortaleza personal y capacidad de polarizar es, paradójicamente, lo que lo catapulta como opción política. ¿Por qué podría ser presidente? Porque combina tres elementos poco frecuentes en la política actual: carisma mediático, independencia económica y una narrativa de cambio que conecta con amplios sectores de la sociedad inconformes con las élites tradicionales. A diferencia de los políticos de carrera, ha construido su prestigio desde fuera de la política electoral, lo que le da un aire de outsider atractivo en un país cansado de los mismos apellidos. Su estilo vehemente puede ser su mayor riesgo, pero también su mayor fortaleza. Si logra canalizar ese temperamento en un proyecto político incluyente, Abelardo podría convertirse en uno de los más serios aspirantes a la presidencia.