
Abelardo de la Espriella: frente a la desinformación

En tiempos de campañas intensas, cuando el ruido intenta imponerse a los hechos, resulta imprescindible volver a la evidencia. Abelardo de la Espriella ha sido objeto de ataques reiterados que buscan erosionar su imagen pública justo cuando su nombre gana millones de ciudadanos en el debate nacional. Sin embargo, más allá de consignas y montajes digitales, los datos son claros: no pesa sobre él ninguna condena, y los procesos que han existido fueron precluidos, conforme a los cauces legales. La presunción de inocencia, pilar del Estado de derecho, no es un favor: es una garantía. Su trayectoria profesional explica buena parte de la animadversión que despierta. Como jurista, intervino en la defensa de personas y causas precisamente allí donde el debido proceso suele ponerse a prueba. Ha asumido casos complejos en los que la defensa técnica era necesaria para evitar arbitrariedades; ha participado en controversias de alto impacto mediático; y ha promovido debates jurídicos sobre libertades, garantías y límites del poder. Defender no equivale a compartir conductas; equivale a proteger derechos. Así funciona la justicia en las democracias.
Los “fakes” que circulan contra De la Espriella repiten un patrón conocido: titulares sin respaldo documental, citas descontextualizadas y supuestos escándalos que, al contrastarse, carecen de decisiones judiciales en firme. Se confunden denuncias con condenas, opiniones con pruebas, ruido con verdad. La verificación básica desarma esos relatos: no hay sentencias, no hay inhabilidades, no hay sanciones vigentes. ¿Por qué, entonces, la virulencia? Porque su discurso interpela a los extremos, porque no encaja en el molde complaciente, y porque su avance despierta temores en quienes han administrado la política como feudo. La estrategia es conocida: desacreditar al mensajero cuando no se puede refutar el mensaje. Defender a Abelardo de la Espriella no es un acto de fe; es un ejercicio de honestidad intelectual. En democracia se debate con argumentos, no con calumnias. Que gane el mejor proyecto, pero que gane con la verdad y Abelardo triunfará limpiamente y sin rabo de paja como el candidato heredero y presuntamente amigo y protegido por la guerrilla. Las multiplrs fotos con jefes guerrilleros y la computadora de Reyes ponen entredicho su imparcialidad