
A una bella pareja

Kirk y Caro inician un nuevo capítulo. Un relato de amor, familia y recuerdos compartidos, marcado por la alegría y el apoyo incondicional, inspirados en las palabras de Gibrán.
Por Ensuncho de la Bárcena Recuerdo a Kirk como un niño despierto y dispuesto a la travesura. Con su inseparable hermano Daniel como guía. Ambos son fruto de un amor adolescente y llegaron a casa de sus abuelos como un regalo del Cielo. Recuerdo la conexión que tenía Kirk con mi viejo Rami, quien fue su cómplice en más de una ocasión, tanto en La Perla del Sinú como en la del San Jorge. Luego llegó Ferney a la vida de Ceci y todos celebramos su aparición como un milagro. Por lo decente, correcto y buen compañero de viaje de nuestra prima. Y llegaron dos hijos del amor maduro, Héctor y Danna, para completar la familia. Hace unos años apareció Caro en la vida de Kirk como un ángel de alas doradas que alumbró su camino y le acompañó a crecer, con ternura y alegría. Le ayudó a soportar la ausencia de su otro hermano, Lito, que se fue en una patineta a formar parte de las estrellas. El viaje nos ha permitido coincidir en dos carnavales de Barranquilla: en 2017, cuando su hermana Offir fue Reina del Carnaval de Miami; y, en 2022, en la comparsa “La Puntica No Má”. Estas palabras son para decirles cuánto los amamos, los admiramos y les deseamos Lo Mejor, porque lo merecen. Y para compartirles un fragmento de El Profeta, libro del poeta libanés Jalil Gibrán, que espero les llegue al alma, porque habla de este paso que están dando: “Habéis nacido juntos y juntos permaneceréis para siempre. Juntos estaréis cuando las blancas alas de la muerte dispersen vuestros días. Sí, juntos permaneceréis en la silenciosa memoria de Dios. Pero que haya espacios en vuestra comunión, y que los vientos del cielo dancen entre vosotros. Amaos uno al otro, pero no hagáis del amor una traba: que sea más bien un mar bullente entre las playas de vuestras almas. Llenaos las copas el uno al otro, pero no bebáis en una sola copa. Compartid vuestro pan, pero no comáis del mismo trozo. Bailad y cantad juntos y sed alegres; pero permitid que cada uno pueda estar solo, al igual que las cuerdas del laúd están separadas y, no obstante, vibran con la misma armonía. Daos vuestro corazón, pero no os lo entreguéis en custodia. Ya que sólo la mano de la Vida puede guardar vuestros corazones. Vivid juntos, pero tampoco demasiado próximos; ya que los pilares del templo se erigen a distancia, y la encina y el ciprés no crecen a la sombra uno del otro”. Brindemos, para que Kirk y Caro tengan una larga y fructífera vida. ¡Salud!