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Opinión

A rescatar la dignidad presidencial

Valmiro Sobrino Oliveros
Valmiro Sobrino Oliveros
Columnista
3 de julio de 2026

El presidente de la República representa constitucionalmente el primer cargo político y administrativo de la nación; es el jefe del poder ejecutivo; simboliza "la unidad nacional" y es por eso presidente de todos los colombianos; art. 188 de la C.P.

Pero además de ese poder jurídico, representa la dignidad de la República; y esa dignidad se representa tanto en lo público como en su vida y conductas privadas. En otras palabras, la persona del presidente debe ser un espejo impoluto en el que se mire cada uno de los colombianos, tiene que ejercer una conducta prudente y comedida ante cada actuación, ante cada palabra que exprese, ante cualquier comportamiento público, porque en cada una de esas situaciones está representando la dignidad de Colombia. No fue así, lamentablemente. En su vida privada, los escándalos no cesaron. Con un hijo procesado penalmente, de quien dijo que no "había criado" lo cual es un acto gravísimo ante la paternidad, que es un elemento clave de la familia como núcleo fundamental de la sociedad. Con escándalos bochornosos de su cónyuge, primera dama, que no cuidó su reputación y con graves señalamientos en varias cartas publicadas por su excanciller Álvaro Leiva, quien lo acusó de tener "graves problemas físicos y mentales". Nunca un presidente anterior en la casa presidencial presentó estas ignominiosas afrentas. Su conducta no fue, como dice la Constitución, el logro de la "unidad nacional" sino de la división, la retaliación y el conflicto permanente. Su gobierno se desdibujó en la corrupción de sus funcionarios más cercanos; rompió relaciones diplomáticas con nuestros socios estratégicos como E.U. e Israel y con nuestros vecinos de América Latina; exponiéndonos como nación a ser unos parias en el concierto universal. Con todo, fue además enemigo de los gobernadores y alcaldes en un hecho que jamás se había presentado en la historia de los presidentes de Colombia. Tiene la primera tarea Abelardo de la Espriella de reconstruir la dignidad del cargo presidencial; de reconstruir la unidad nacional, de gobernar con las regiones, con todos los gobernadores y alcaldes del país, y hacer una presidencia respetable ante sus conciudadanos nacionales y respetable ante el mundo.