
A propósito de la carrera del domingo

Montería está viviendo un fenómeno interesante y valioso: la ciudad se está moviendo, la gente está corriendo, entrenando, saliendo más a las calles y apropiándose del espacio público desde el cuerpo y la actividad física. Esto es un avance en salud pública y un indicador cultural. Es un síntoma positivo de transformación social, pero también implica nuevos desafíos que aún faltan por dimensionar.
No parece una tendencia pasajera, la bicirruta que cada domingo recorre la Ronda del Sinú no es solo una actividad "de moda", es construcción de cultura activa. Y mientras más personas entren, se inscriban en carreras, hagan fondos, series, lleven progresión y se tomen esto en serio, mayor será el volumen poblacional expuesto a riesgos que en medicina conocemos hace tiempo: el colapso súbito existe. Es poco frecuente, pero existe. No es ficción, es estadística. Esto no debe entenderse como miedo, ni como freno. Todo lo contrario: debe entenderse como responsabilidad compartida. Porque la forma correcta de asumir un auge deportivo en una ciudad no es negar los riesgos, es prepararse mejor para enfrentarlos. En Montería tenemos ventajas institucionales para hacerlo bien. Tenemos el sistema de emergencias médicas SEM que funciona como ruta inmediata de activación, contamos con el acompañamiento de la ESE Vidasinú durante la Bicirruta-Sinú, lo que permite tener atención temprana y orientación médica. Y los organizadores de las carreras deportivas tienen la obligación de garantizar condiciones mínimas de seguridad, puntos de asistencia médica estratégicamente distribuidos y talento humano listo para actuar cuando ocurra la emergencia. Lo inesperado no se elimina, se gestiona. La discusión cultural y científica en Montería se ha empezado a mover. Recientemente, el evento "Evita el colapso" organizado por Luis Armando Díaz (@un_runnerde44), reunió a cinco especialistas médicos que además son deportistas activos: Libardo Rodríguez, deportólogo; Francisco Camargo, intensivista; Carlos Geliz, cardiólogo; Luis F. Ramos, gineco-obstetra; e Iván Fajardo, cirujano, y nos dejaron un mensaje que es urgente y transversal: podemos exigirnos, podemos progresar, podemos competir… pero siempre con preparación, evaluación y respeto por el cuerpo. No se trata de negar el esfuerzo, sino de entenderlo fisiológicamente, con evidencia y criterio. Ese diálogo interdisciplinario entre medicina y deporte es lo que eleva la conversación colectiva y nos protege como comunidad físicamente activa. Montería no debe esperar a que ocurra el primer caso grave para cambiar su cultura. Montería tiene la oportunidad histórica de crear un modelo local de seguridad deportiva: corredores más conscientes, organizadores más responsables, instituciones articuladas y ciudadanos preparados para reconocer signos de alarma y responder rápido. Esto no es pesimismo, es prevención inteligente. Porque cuando se multiplica la cantidad de personas en actividad física intensa, el riesgo poblacional aumenta. El fenómeno no es moral, es estadístico. Esto no significa dejar de correr, significa correr mejor. Quiero ser claro, sencillo y honesto: con el tiempo, una muerte será inevitable. La pregunta, incómoda, directa y necesaria, es: ¿Vas a permitir que seas tú, o uno de los tuyos?