
A pensar en el campo

El envejecimiento de la población campesina preocupa. Los jóvenes emigran a ciudades, afectando el abastecimiento alimentario. Urge retenerlos con mejores condiciones, incluyendo vías y acceso digital.
Por Ismael Guerra de la Ossa Según estudiosos del tema, la población campesina cada día está más envejecida, es decir, la inmensa mayoría es adulta mayor, lo que indica a las claras que los jóvenes ya no quieren vivir en el campo. Prefieren emigrar a las ciudades en busca de mejores horizontes, situación preocupante si se tiene en cuenta que es de la producción campesina de donde se abastece la población citadina, sobre todo en materia alimentaria. Sin meterle tanto tecnicismo al asunto ni mucho menos ideologismos trasnochados, se llega a la conclusión de que lo que hoy en día se requiere es buscar la manera de que la juventud campesina se quede en su hábitat natural desarrollando la actividad en donde se siente a gusto, al lado de su entorno familiar y sociológico, y no exponerse a las vicisitudes y el calvario de llegar a las ciudades a padecer lo indecible y un futuro incierto muchas veces en medio de cinturones de miseria lacerantes y degradantes de la condición humana. Pensar en el campo con altruismo y en forma razonable y sin segundas intenciones, vale decir de manera sincera y honesta, debería ser una causa a seguir y poner en práctica por parte de quienes aspiran a dirigir los destinos de los entes territoriales. Todo, claro, al margen de cálculos electorales. Solo pensando en que la población que habita en la ruralidad merece el tratamiento justo y equitativo que le ha sido negado secularmente por quienes han tenido las herramientas del poder. Son muchos los derechos que se les han escamoteado a ese sector de la sociedad, pero si actualmente se les reconocieran siquiera dos, en algo se avanzaría. Nos referimos a contar con unas vías adecuadas para movilizarse y a un sistema de interconexión digital para comunicarse. Con las primeras no se les convertiría en suplicio sacar sus productos a los centros de consumo y con un buen servicio de internet se les permitiría a los campesinos, sobre todo a los jóvenes, estar en permanente contacto con el mundo moderno y más que todo cursar estudios superiores desde su propio suelo y, obviamente, sin verse obligados a abandonar su terruño. A esos dos aspectos, que podrían traducirse en propuestas serias y realizables, deberían apuntarle los candidatos en los próximos comicios, con la seguridad de que estarían transitando por el camino correcto.