
A mi si me alegra

En las elecciones regionales, la elección de candidatos con experiencia y preparación supera la de figuras pintorescas. Experiencias como la del exalcalde invidente de Cali lo demuestran.
Por Rafael Negrete Quintero Entre todos los escenarios posibles que pueden darse en una elección a mi si me alegra que, en estas elecciones regionales, en la mayoría de las ciudades capitales, no hayamos llegado al desespero ni al borde del abismo, no hayamos llegado a elegir, del listado de los aspirantes, a un ciego o a un embolador de zapatos, por más que esas sean esas bellas opciones que ofrecen las democracias. Porque podrán ser bellas, pero no útiles. Aún tengo fresco en mi mente el recuerdo del Ex alcalde de Cali, Apolinar Salcedo, elegido para el período 2004 – 2007. Salcedo fue el primer alcalde negro y, además, invidente, en la historia de Cali. Hijo de una lavandera y un cortador de caña, ciego desde los 7 años por culpa de un tiro de escopeta, abogado graduado con honores, magister en administración pública, el primero en su casa en tener un título universitario. Proezas todas dignas de contar. Le ganó en la carrera por la Alcaldía al exministro Francisco José Lloreda, que tenía todo para vencerlo. Pero la compasión no basta para un cargo que requiere todos los sentidos afinados las 24 horas del día. Salcedo terminó destituido por la Procuraduría y con unos subalternos que ostentaban más poder que él, ellos sí, con los ojos bien puestos en los negocios de la ciudad. Al final de su tormentoso mandato 7 de cada 10 caleños sentía que no había hecho nada. Una historia igual de inverosímil veríamos después en Bogotá con un candidato al concejo capitalino. Un embolador que luego participó en un reality show. Tuvo ya, incluso, una miniserie televisada. Recordado poco por sus aportes en las sesiones o iniciativas políticas, pero mucho por sus escándalos y por haber perdido su caja de dientes en la "Isla de los Famosos", algo que lamentó más que la destitución de que fue objeto por la procuraduría. No hay mucho que agregar aquí. En todo caso y volviendo al inicio, a mi si me alegra que no estemos navegando por esas aguas con los candidatos actuales. A pesar de que existen personajes pintorescos los ciudadanos parecen haber entendido, en cierta forma, lo poco que le aportan al debate público y a la solución de los problemas que aquejan a la ciudadanía. No son más que estridentes voceros de sus causas, que, aunque válidas, no les dan credenciales automáticas, para administrar una ciudad o controlar a un gobernante. A mi si me alegra pues que los títulos y la experiencia se hayan ido imponiendo entre los electores. El gobierno requiere preparación y conocimiento. Requiere que quienes llegan ahí pongan todo su esfuerzo y empeño en sacar adelantes los problemas de las ciudades y departamentos. No requiere personajes pintorescos buscando fama donde no deben.