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Opinión

80 años de una masacre atómica

Rafael Hernández Mestra
Rafael Hernández Mestra
Columnista
12 de agosto de 2025

El pasado 6 de agosto se cumplieron 80 años cuando en la mañana de ese día del año 1945, la ciudad japonesa de Hiroshima quedó devastada cuando un bombardeo de los Estados Unidos soltó sobre esa ciudad una Bomba Nuclear de Uranio, siendo la primera vez que se utilizaba este tipo de armas contra una población. Tres días después, otra bomba, esta vez de plutonio, cayó sobre Nagasaki, precipitando la rendición de Japón y marcando el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Han pasado ocho décadas y desde entonces la comunidad internacional, mediante tratados, convenciones y pactos de no proliferación, hacen parte de la lista de compromisos a los que países de todo el mundo se han sometido para evitar que en los conflictos se ataquen con armas atómicas. Sin embargo, con el argumento de la "disuasión", después de 1945, las principales potencias iniciaron una carrera armamentista nuclear. Los científicos desarrollaron bombas cada vez más potentes. Tenerlas significaba un "amague" para evitar el ataque de otra nación con armas atómicas. En parte, eso evitó que Estados Unidos y la Unión Soviética se atacaran directamente durante la época conocida como la Guerra Fría. No obstante, esa política de disuasión también implica un riesgo, especialmente en los momentos de tensión como los que se están viendo hoy en día entre Rusia y Ucrania o entre Israel y Palestina en el Oriente Medio, porque, por ejemplo, esas armas pueden ser utilizadas como resultado de percepciones erróneas o de un cálculo equivocado, en particular si una de las partes cree que la otra está a punto de lanzar un ataque nuclear. Actualmente, son nueve los estados con armas nucleares que son: Estados Unidos, Rusia, El Reino Unido, Francia, China, India, Pakistán, Corea del Norte e Israel, todos con programas de modernización nuclear. La Segunda Guerra Mundial tuvo consecuencias devastadoras a nivel global, tanto en términos de pérdidas humanas como de cambios geopolíticos, ya que Europa se dividió, y económicos. Entre las consecuencias más importantes se encuentra la muerte de decenas de millones de personas, la destrucción masiva de ciudades y el surgimiento de dos potencias mundiales. Sí, ochenta años después de que el mundo fue testigo de aquella nube nuclear en forma de hongo, la amenaza sigue latente con su capacidad destructiva y una carrera armamentística.