
35 años de la Constitución de 1991

El pasado 4 de julio, conmemoramos los 35 años de promulgación de la Constitución Política de Colombia. Constitución que nació del liderazgo de una generación de colombianos que pudo, no solo leer la convulsionada, violenta y compleja realidad social colombiana; sino interpretar, comprender y proponer salidas propositivas por las vías democráticas. Dentro de esas salidas, se construyó una nueva constitución política que representa un acuerdo o pacto social entre los distintos actores y sectores que representan la pluralidad y diversidad de la sociedad.
La Constitución del 91 repensó un nuevo contrato social moderno que, reemplazaba a la premoderna Constitución de 1886. Sin equívocos, la Constitución del 91 representa el pensamiento moderno; modernidad que permitió pensar y construir un orden social más equitativo, justo y con libertades, reconociendo la pluralidad de pensamientos e ideologías; creencias que identifican la cultura colombiana, que en ocasiones tratamos de desconocer y anular por vías violentas y excluyentes; pero ha prevalecido; y con ello, la sociedad colombiana. Este ideario de libertades, justicia y dignidad humana, representa el proyecto de la modernidad; gestado por las revoluciones modernas en Europa y el nacimiento de un orden social civilizatorio que, para el caso de América Latina, dicho ideario motivó e impulsó procesos revolucionarios y emancipatorios; inspirando, en el caso colombiano, los procesos de independencia y edificación de la república. En este sentido, la Constitución del 91 representa un pensamiento que configuró y dio forma a un contrato social moderno, plural e incluyente; encarnando un sistema político, social y civilizatorio; con muchos intentos por desconocerla, cambiarla, reformarla y construir una nueva; cuando la prioridad debería ser, llevarla a la práctica, desarrollarla y liberar su fuerza transformadora; tarea aún pendiente. Recordemos, que Colombia continúa siendo en gran medida, un país premoderno; es decir, ha postergado y dejado de hacer los cambios estructurales en materia social, política, económica y cultural. Esa tensión entre el pensamiento moderno que representa la Carta del 91; y la tradición premoderna que ha marcado la historia de Colombia ha permitido los avances sociales significativos y la configuración de un nuevo país; pero del mismo modo, aún existen traumas sociales violentos e irresueltos que permanecen y degradan; condenándonos a un ciclo de violencia perpetua. Por consiguiente, y frente al contexto descrito; es necesario mencionar los avances y reivindicaciones de derechos alcanzados y garantizados por la Constitución del 91; que, en medio de las tensiones y conflictos sociales, transformó a Colombia en un Estado social de derecho, estableciendo principios orientadores; entre ellos, la dignidad humana, lo que garantizó derechos fundamentales; entre ellos, la vida, la dignidad, libertad e igualdad. Derechos sociales, económicos y culturales, garantizando el trabajo, la salud y la educación, en donde hemos avanzado; pero, con mucho por hacer. Derechos colectivos y del medio ambiente, permitiendo un ambiente sano y protección de la biodiversidad. Del mismo modelo estableció los mecanismos de participación ciudadana para fortalecer la democracia participativa e incorporó la acción de tutela como una herramienta jurídica inmediata para tutelar derecho vulnerado; igualmente, el voto, referendo, consulta popular, cabildo abierto, revocatoria del mandato… En este sentido, podemos decir, que tenemos una de las constituciones más moderna y avanzadas del mundo occidental en materia de garantías y reconocimiento de derechos. Por consiguiente, el deber moral y político del Gobierno, es hacer realidad estos derechos que contiene la Constitución de 1991, que representa el contrato social que pensamos y construimos hace 35 años, con el fin de transformar a Colombia en un país moderno y civilizado. Por lo anterior, en estos 35 años de existencia de nuestra Carta Magna, la reflexión y la acción deben centrarse en hacer realidad el contrato social que contiene la hoja de ruta de lo que Colombia debe hacer para ser una nación moderna. Ello implica, dialogar y construir entendimiento entre las distintas visiones, ideologías y concepciones que hacen parte del debate público nacional; todas son necesarias para pensar y construir país. Una nación moderna se construye desde las diferencias y con los diferentes; solo así, es posible la inclusión y el reconocimiento. Hacer lo contrario, es condenarnos a la barbarie.