
2023

Tras la II Guerra Mundial, el mundo se dividió en bloques. Occidente y Oriente, con modelos económicos contrapuestos, enfrentan hoy desafíos como el cambio climático y el resurgimiento de ideologías.
Por Fernando Negrete Montes Después de la derrota del fascismo en la segunda guerra mundial en 1945, el mundo quedó a merced de la Unión Soviética con su sistema comunista de economía centralizada y los Estados Unidos al frente del capitalismo con su economía de mercado y regulada por los precios, división que se pensaba superada con la Glasnost (libertad) y la Perestroika (democracia) en el primero y con la globalización en el resto del mundo. Como hecho curioso, en el eje Soviético al cual se unió China en 1949 con el triunfo del Partido Comunista y el movimiento de liberación nacional de las colonias europeas de Asia y África, están ubicados en el oriente del planeta, en tanto el otro eje liderado por Estados Unidos, los países europeos y América latina de régimen "democrático", se ubican en el occidente del globo terráqueo. Mientras en el mundo occidental, incluido el Japón de la posguerra y los "tigres asiáticos": Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong Kong, se produce un desarrollo económico acelerado, que se daba por hecho que la humanidad había superado los problemas de hambre, desigualdad, pobreza, asunto que no fue total porque las diferencias de ingreso no se achicaron y en su lugar, se hizo evidente el impacto del cambio climático en la tierra. En occidente se logra un desarrollo más equilibrado en los países nórdicos; China se convierte en potencia industrial con capitalismo en su economía y comunismo en su política y la Rusia que queda de la desintegración de la Unión Soviética, trata de retomar su poderío por la vía militar y argumentando el presidente Putin, en el caso de Ucrania, que la invasión fue contra el neonazismo. En América Latina y el Caribe, los casos de Cuba en 1959, Allende en 1973 en Chile y los sandinistas en Nicaragua en 1979, se mantuvieron como casos aislados hasta que, con la llegada al poder de Lula en Brasil, Chávez en Venezuela, Kirchner en Argentina, Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia y Mujica en Uruguay, la balanza se inclinó a la izquierda con pobres resultados. Por su parte, los países del pacífico: México, Chile, Perú y Colombia, también han girado a la izquierda con un panorama para 2023 que se hace confuso por lo que cada día se dice desde el gobierno, poniendo en riesgo el sistema democrático que, al decir de Borges, necesita 300 años más para consolidarse y hasta otro milenio si seguimos con una derecha elitista y una izquierda resentida.