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Opinión

1986-2025

Bibiana Cabarcas
Bibiana Cabarcas
Columnista
13 de agosto de 2025

Un sino trágico persigue a Colombia, cuando parecía que, por fin, habíamos alcanzado un punto de inflexión hacia la paz y el progreso ¡zas! de nuevo volvemos en el tiempo y nos despertamos llorando el asesinato de un líder, cuya voz le molestó al sistema, o quién sabe a qué personaje, y lo mandaron a callar.

Miguel Uribe Turbay, un joven con ganas de ser presidente de Colombia, quien habló fuerte en contra del gobierno y de lo que él consideraba eran sus falencias, sin tapujos y sin pelos en la lengua, fue la voz de la oposición en el congreso y en la plaza pública, en donde encontró la muerte, de manos de un joven sicario. Ante tamaña situación de extrema gravedad en el orden público, ¿qué garantías tiene la oposición para adelantar una contienda electoral? ¿Qué otro candidato osará pararse en una plaza atiborrada de público a lanzar sus consignas en contra del gobierno y a pedir que voten por él? La democracia está seriamente amenazada, y, aunque se encuentran capturados los supuestos autores materiales, el cerebro detrás del crimen goza de total impunidad, y no se sabe por cuánto tiempo. La Fiscalía tan rauda para adelantar investigaciones e imputar delitos en algunos sonados casos como el de Álvaro Uribe, en este, se muestra con suma dificultad para señalar nombres de autores intelectuales y llevarlos a los estrados judiciales. Ahora empiezan los lamentos, los pañuelos blancos y las manidas consignas de ¡ni uno más! Se pasará de nuevo la vida malograda de la madre de Uribe Turbay por especiales de televisión y no faltará el oportunista que pescará en río revuelto votos para su propio beneficio, amparado en la desgracia ajena. Ya ese libreto lo conocemos de memoria quienes tuvimos que enfrentar las horas de mayor violencia por los años ochenta y noventa, cuando muchos aspirantes a la presidencia caían bajo las balas asesinas del narcotráfico y sus aliados. De nuevo reina la muerte en nuestro país, tal parece que encontró su hogar permanente aquí, suenan bombas y explosiones, mueren soldados indefensos por falta de apoyo; volvieron los secuestros y las extorsiones no cesan; la impunidad campea y la justicia brilla por su ausencia. Horas oscuras estamos enfrentando, ante la mirada indolente del político que hipotecó su conciencia al mejor postor y las voces disonantes de un gobierno que en cada alocución llama a la confrontación.