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Por Redacción El Meridiano | 2017-04-21 00:00:00

Tensión y miedo

Por Miguel Mercado Vergara. La tensión y el miedo que hoy se siente en el mundo traza su meridiano desde Siria hasta Venezuela, lugares donde están concentradas las expectativas de confrontaciones armadas de impredecibles consecuencias. Todos los mortales hemos sido informados de que por allá en esos territorios lejanos Corea del Norte y Estados Unidos muestran sus potenciales bélicos y se pelan los dientes como fieras gruñéndose el uno al otro lanzándose amenazas que hacen temblar al resto del planeta dado el mortífero poder de las armas que ambos exhiben sin reato de conciencia. El uso de químicos para envenenar los aires pone al rojo vivo las alertas de lo que será una guerra con la atmósfera cubierta de pesticidas.

La geopolítica mundial se mueve en altos grados de temperatura en razón de los mezquinos intereses que la inspiran pues casi siempre son de estrategia mediante el posicionamiento para el dominio territorial o para el apoderamiento de las riquezas.

Ingenuamente la mayoría de los mortales especulan acerca de los grandes beneficios que traería para la humanidad si las naciones que invierten escandalosas sumas de dólares y euros en armamentismo destinado a la destrucción y a la muerte se aprovechara para fines científicos el ser humano no fuera presa fácil de tantos dolores, ya que muchas enfermedades como el cáncer, sida, alzheimer, diabetis, que son las del día a día, tuvieran un más efectivo control si el dinero para la guerra se aplicara a combatirlas; sin embargo, y a  pesar de ello, han sido admirables los avances de la medicina.

Y no solo en este campo el mundo fuera otro si la guerra no se tragara tantas sumas. Piénsese no más  lo que lograrían avanzar los pueblos en la derrota de la pobreza si esas cantidades fueran para obras.

Haciendo la travesía hacia Venezuela palpita en el alma colombiana la gran preocupación por el desenlace que puedan tener los episodios de agitación que allí se viven en razón de la aguda crisis político-social que agobia esa que es la patria del soñador de libertades que fue Bolívar.

Lástima que el terruño del inmortal caraqueño, con tanta riqueza petrolera, esté hoy postrada en dolorosa escasez porque los medios de producción están derrumbados, sus habitantes buscan en las canecas de basura cómo alimentarse, que la moneda esté por el suelo, que las posibilidades de trabajo sean ningunas, en fin, que allí la vida se haya vuelto una tragedia. Venezuela tiene que volver por sus fueros de país pujante y acogedor de otros tiempos. Y en esa tarea son sus propios hijos los que tienen que reencontrar el camino. Ojalá el mal momento que se vive se supere con el patriotismo y el coraje que los  caracteriza   sin necesidad de derramamientos de sangre. 


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