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Por Redacción El Meridiano | 2017-01-07 00:00:00

Se extinguió la urbanidad

Por Germán Suárez Morales. En Colombia siempre ha existido lo bueno y lo malo, pero el hombre de bien se inclina hacia lo bueno buscando agradar al prójimo y a Dios principalmente.

En esta vida todo tiene su origen, y la raíz de todo bien nace en el hogar y se complementa en las escuelas y colegios para que ese niño en el futuro sea digno y útil a la sociedad. Como dice la palabra de Dios: "Educa al niño en sus caminos para cuando crezca no se aparte de Dios". Pero haciendo reminiscencia, cuando yo era niño todo era diferente comparado con el tiempo de hoy. Quiero hacer énfasis sobre lo que es la urbanidad y el gran beneficio que trae a la humanidad, porque sin la urbanidad no hay buen comportamiento en el hablar y en el actuar, y la urbanidad es la que hace que llevemos un estilo de vida agradable y favorable para la sociedad.

Se habla y se enseña sobre relaciones humanas, pero en muchas instituciones educativas de Colombia se desconoce que las relaciones humanas nacen en la urbanidad y la urbanidad nace de la palabra de Dios, y  el que obedece la palabra de Dios será bendecido en esta vida. Etimológicamente la urbanidad es el brillo y la esencia que debe existir en toda persona. Cuando crecí en mi hogar fui afortunado con buenos principios morales, donde vi amor, respeto, ética y decencia. Pero me pregunto: ¿Por que  extinguieron la urbanidad de las escuelas en Colombia? No pensó el presidente y el ministro de Educación de aquellos tiempos, porque hace unas cuantas décadas que se cometió esta infamia contra la niñez de este país, y hasta el día de hoy repercute negativamente en todos los colombianos, trayendo consecuencias nefastas que mancillan la integridad de muchos compatriotas.

Y por la abolición de la urbanidad en Colombia se han perdido muchos valores de hogares, desacuerdos y discriminación en las clases sociales. Y lo más catastrófico que ocurre en nuestra patria por la falta de urbanidad y amor es que nuestros gobernantes han invertido muchos billones de pesos en armamento para que los colombianos se aniquilen unos con otros, sin mirar las consecuencias y poco les importa el dolor del prójimo.

¿Cuántos niños han quedado huérfanos? ¿Cuántas mujeres han quedado viudas, desamparadas debido a la violencia? Y todo eso se pudo evitar educando con buenos principios al niño del pasado. Hoy fuera otra Colombia llena de amor, paz, alegría y llena de prosperidad, y ya no viviéramos en un país tan conflictivo. Algo muy doloroso que se está viviendo en nuestra querida Colombia es que se ha perdido el respeto en los hogares, en las calles, en las empresas.

Lo que prevalece hoy es la vulgaridad, la inmoralidad y la perfidia. Se perdió el respeto entre padres e hijos y entre esposos. Pero soy optimista que todos estos valores volverán a Colombia cuando resucite la urbanidad y se implante nuevamente en las escuelas y colegios, y así volveremos a ver esa luz de la paz, porque entes gubernamentales apagaron sin mirar atrás. Yo afirmo que fue más por pérfida que por ignorancia y también por falta de conciencia. Me pregunto: ¿Quiénes serán los maestros que enseñarán la urbanidad en Colombia? Digo "maestros" porque todos los que enseñan no son maestros. Maestro es aquel que sabe transmitir sus conocimientos, aquel que edifica, aquel que instruye debidamente; maestro es aquel que induce al máximo a sus discípulos para que alcancen un nivel de eficiencia conforme a lo que se haya trazado en su vida para servirle a la sociedad en cualquier ámbito.

Además, el maestro de urbanidad debe ser una persona provista de buenos modales, ejemplar, decente, amable, amorosa y paciente, porque va a tratar con niños, y por ende, hay que hablarles y enseñarles con ternura.


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