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Por Redacción El Meridiano | 2016-11-06 00:00:00

Estrés en el último periodo de clases

El mayor estrés lo sufren aquellos estudiantes que durante el año escolar no respondieron por los trabajos y sus calificaciones en los exámenes fueron bajos.

El último periodo escolar para muchos estudiantes se convierte casi que en un dolor de cabeza porque  algunos, a  pesar de estar seguros de ganar el año, quieren mejores notas. Otros que no se esforzaron lo suficiente durante el año escolar tienen que hacer un esfuerzo extra  y hacer plegarias para pasarlo.

Mientras algunos planean sus vacaciones, otros están apurados haciendo trabajos para sacar por lo menos un tres y ascender.

 

El estrés es un sentimiento de tensión física o emocional que puede provenir de cualquier situación o pensamiento que lo haga sentir frustrado, furioso o nervioso.

 

"Estrés escolar"

En el "estrés escolar" puede  influir el  exceso de actividades, la   presión de los profesores y la presión que ejercen los padres sobre sus hijos. Durante este padecimiento el alumno puede reducir su capacidad de aprendizaje y  tiene cambios emocionales.

Esta situación  conlleva a una carga adicional de estrés, pues muchos saben que se juegan todo en este último trimestre.  Por eso,  EL MERIDIANO  consultó con expertos sobre cómo viven este periodo los estudiantes. 

Rosita Paternina Puerta, coordinadora académica del Liceo Panamericano Campestre, considera que en este plantel se maneja un plan de estudio fuerte.

Por ello, cree que el último periodo es decisivo para los estudiantes, lo que  genera en ellos estrés y preocupación.

Los más angustiados  son aquellos estudiantes que tienen desempeños bajos, porque los que desde el tercer periodo tienen definido su año, están tranquilos. Mientras que los otros dependen de un  trabajo y de los exámenes finales para definir el año.

Según Paternina, los síntomas de estrés que los jóvenes de este colegio manifiestan son insomnio, problemas gástricos y diarreas. Esta Situación se presenta porque ellos saben que no solamente está en juego la parte académica, sino la inversión que hicieron los padres.  

Resaltó que una pérdida  de año es una tragedia para la familia, pero el más afectado es el niño, primero porque siente frustración y segundo, no  quiere repetir el año porque le da pena. 

Para muchos es importante pasar de curso, porque continúan con los mismo compañeros y  sienten satisfacción emocional, explicó la docente. 

Una de las opciones que brinda el colegio para evitar este fenómeno  es desarrollar actividades alternativas durante el año  para que los estudiantes con un nivel bajo puedan recuperar las asignaturas perdidas. 

Luego un comité evalúa el desempeño y el interés del muchacho.  Aquí  el objetivo es que salga victorioso. Infortunadamente algunos lo pierden. 

 

La clave está en que los padres y estudiantes no se desesperen, sino ser pacientes.

 

Por su parte, Angelina Rosa González, sicóloga del Campestre,  egresada de la Universidad del Norte y especialista en docencia de la Universidad Santo Tomás de Bogotá,   indica que  en efecto hay dos tipos de estudiantes: el que se esfuerza por trabajar y el que desde el inicio del año no se compromete con las labores académicas.

Precisó que muchos de los que pierden el año no cuentan con el apoyo de su familia, componente importante para que el alumno rinda en clase.

A algunos estudiantes el estrés les ayuda a potencializar sus habilidades, mientras que a otros los bloquea y no logran los objetivos. 

Cree que es importante que los niños y jóvenes que pierdan el año pasen un duelo.  "No estoy de acuerdo con los padres de familia que dicen: 'ya perdió el año ,ya pasó'.  Pienso que  tienen que tocar fondo y reflexionar. Pensar en lo que hicieron o dejaron de hacer. Los padres deben hacer junto  a sus hijos un plan de acción para reforzar las materias en que les fue mal", recomendó. 

Los padres no pueden permitir que sus hijos sigan en la misma laguna. Tienen que ser consientes de que fue él quien perdió un año de su vida.

Es importante que para evitar el estrés, los niños y jóvenes con ayuda de los padres y docentes elaboren un calendario de estudio para establecer horas fijas con el fin de ejecutar todas las actividades.

Gina Gil Acosta, docente  orientadora de la Institución Educativa San Vicente de Paúl, asegura que en ese plantel hay estudiantes con actitudes de indiferencia, es decir,  algunos les da igual haber perdido el año escolar. No obstante, hay otros que buscan al docente para recuperarse.

Reveló que en estos últimos días de clases se aumenta la indisciplina, lo que evidencia el estrés de los muchachos. 

Recomienda a los padres y a los chicos no tirar la toalla, a hacer el último intento y  proponerse metas para el próximo año. 


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