El costo de nuestros derechos

Por Luis Fernando Romero Gil

En esto días tuve la suerte de tener en mis manos el texto escrito por los profesores norteamericanos Stephen Holmes y Cass Sunstein, "El costo de los derechos, por qué la libertad depende de los impuestos", editado en castellano por la editorial argentina siglo XXI. 

Por Luis Fernando Romero Gil

En esto días tuve la suerte de tener en mis manos el texto escrito por los profesores norteamericanos Stephen Holmes y Cass Sunstein, "El costo de los derechos, por qué la libertad depende de los impuestos", editado en castellano por la editorial argentina siglo XXI. 

Los autores inician el libro poniendo de relieve un incendio ocurrido el 25 de agosto de 1995, en Hamptons long island, y la inmediata reacción que tuvieron el Gobierno local y nacional para conjurar la voraz conflagración que amenazaba vidas y patrimonios de los selectos ciudadanos neoyorquinos, debido a que contaban con recursos públicos suficientes para mitigar el daño.  

Sostienen los autores que el disfrute efectivo de nuestras libertades y derechos depende en su gran mayoría de la cantidad de dinero que tenga el Estado para lograr su satisfacción, de modo que, para tutelar algunas libertades, no es suficiente remover los obstáculos que impidan su ejercicio, es necesario en la mayoría de los casos disponer de los recursos para su exigibilidad y protección. 

Asumir como ciudadanos que la buena marcha del Estado y su intervención no basta con voluntad política, hace imperativo que contribuyamos pagando nuestros impuestos; de esa manera garantizamos los derechos como la propiedad privada y la seguridad personal, los cuales no se podrían proteger sin tener un buen aparato judicial y de policía funcionando. Por lo que me pregunto: ¿Cuánto contribuimos como sociedad para el disfrute pleno de nuestras libertades?, ¿Recauda el Estado lo suficiente para priorizar las necesidades más sentidas de sus ciudadanos? ¿Podemos decidir en qué asignar los escasos recursos públicos? Comprender que el pago de impuestos contribuye a la satisfacción de nuestros derechos no es una postura fiscalista ni reduccionistas de los mismos, es saber que cuando reclamamos la intervención de Estado este dispone de los recursos económicos necesarios para priorizar los derechos de la gente.     

La construcción de obras públicas, la mejoría en la seguridad y la satisfacción de derechos sociales, demandan una cultura de tributación encaminada a garantizar el bienestar general. Tributos como la valorización o las tasas de seguridad constituyen herramientas útiles para maximizar la construcción del Estado Social de Derecho, sobre todo en los escenarios de posconflicto en el que nos adentramos, donde se requiere la mayor optimización de derechos para superar la deuda histórica que se tiene con los más pobres y dejar atrás por fin las causas estructurales del conflicto político, social y armado que tiene el país. 

Ignorar que en sociedades desiguales como las actuales el activismo estatal debe estar dirigido a áreas de inclusión social como la vivienda, el trabajo, la educación y la salud, solo puede lograrse cuando se tienen los recursos que proviene del recaudo del pago de tributos.

Teniendo claro el costo de nuestros derechos, garantizamos el ejercicio y disfrute de nuestras libertades, evitamos un salto al vacío y robustecemos la institucionalidad democrática, siendo los actores decisivos en la disposición final de los recursos públicos de cara a las demandas permanentes que hacemos los ciudadanos.  

En palabras de Sunstein y Holmes, atender al costo de los derechos plantea una cantidad de cuestiones adicionales, no sólo acerca de cuánto cuestan, sino también sobre quién decide cómo asignar nuestros escasos recursos públicos para protegerlos y para quién.  

"El costo de los derechos, por qué la libertad depende de los impuestos", editado en castellano por la editorial argentina siglo XXI.

La desigualdad

Por Nicolás Guerrero Montaño

Señala Thomas Piketty, economista francés, en su obra El Capital en el Siglo XXI que "cuando la tasa de acumulación del capital crece más rápido que la economía, entonces la desigualdad aumenta", por lo que según su teoría una de las formas de disminuir la desigualdad es con el establecimiento de impuestos progresivos y la inversión social por los estados.

Por Nicolás Guerrero Montaño

Señala Thomas Piketty, economista francés, en su obra El Capital en el Siglo XXI que "cuando la tasa de acumulación del capital crece más rápido que la economía, entonces la desigualdad aumenta", por lo que según su teoría una de las formas de disminuir la desigualdad es con el establecimiento de impuestos progresivos y la inversión social por los estados.

La gran dificultad en la práctica es que para los gobiernos cobrar impuestos a los actores sociales y económicos resulta complejo, porque defender públicamente su establecimiento es difícil por motivos económicos e ideológicos. 

Para cobrarlos se requiere tener capacidades administrativas y políticas. En los estados del siglo XX en un contexto de guerra eran más dadas las justificaciones de cobrar impuestos que en los estados modernos.

 La desigualdad ha venido aumentando en los últimos 20 años y llevado a afirmar con evidencia empírica a autores como Anthony Atkinson y Joseph Stiglitz que no hay correspondencia entre las teorías del régimen político y la redistribución progresiva como consecuencia de la disminución de la desigualdad. Esto es, que no importa si es un estado autocrático o democrático, el establecimiento de impuestos y la inversión social como mecanismo redistributivo no hacen que disminuya la desigualdad. Se viene sosteniendo que ella demanda justificaciones como la distribución del ingreso y la riqueza; en el caso de los países latinoamericanos como Colombia, señalada por tener una democracia restringida, los niveles de desigualdad son altos. Una de las evidencias empíricas que así lo demuestran es un estudio de Juliana Londoño, Ph.D en Economía de la Universidad de California, en compañía de Facundo Alvaredo, investigador de Oxford y Paris School of Economics, quienes analizaron la desigualdad en Colombia entre 1930 y 2010, encontrando que es uno de los países más desiguales del mundo. 

Por señalar algunos datos, en dicho estudio se muestra que el 1 % de la población con ingresos más altos tienen más del 20.45 % del ingreso total en el periodo estudiado.

 Desde la teoría de las ciencias políticas para que un Estado tenga la condición de  democrático debe cumplir con ciertos requisitos: soberanía popular, racionalización del uso de la violencia o su domesticación, universalidad de la ley, rendición de cuentas y publicidad de sus acciones públicas; por lo que la verdadera democracia en Colombia está en vía de construcción. Para el politólogo Guillermo O´Donnell "el Estado es el componente específicamente político de la dominación en una sociedad territorialmente delimitada", de allí que de conformidad con las características de la dominación  política, una de ellas es la función extractiva del Estado, esto es, extraer los recursos a los grupos sociales para mantener la dominación a través del impuesto por efectos distributivos. 

De los anteriores contenidos teóricos podemos reflexionar que en estados tan desiguales como el nuestro, los gobiernos deben promover políticas públicas destinadas a establecer sistemas impositivos y modelos burocráticos que estimulen el desarrollo económico para disminuir cada vez más las brechas existentes en nuestra sociedad, teniendo en cuenta dentro de las reglas de cooperación que los actores sociales y económicos que más tienen deberían cooperar en mayor proporción en favor de aquellos que poco o nada tienen, con una equitativa redistribución, evitando así la generación de mayores conflictos.

 En los estados del siglo XX en un contexto de guerra eran más dadas las justificaciones de cobrar impuestos que en los estados modernos.

La Pascua y el perdón

Por Selma Samur de Heenan

"La Pascua no es simplemente una fiesta entre otras: es la Fiesta de las Fiestas, Solemnidad de las solemnidades, como la Eucaristía es el Sacramento de los Sacramentos.

Por Selma Samur de Heenan

"La Pascua no es simplemente una fiesta entre otras: es la Fiesta de las Fiestas, Solemnidad de las solemnidades, como la Eucaristía es el Sacramento de los Sacramentos. San Atanasio la llama "el gran domingo", así como la Semana Santa es llamada en Oriente "la Gran Semana". El Misterio de la Resurrección, en el cual Cristo ha aplastado a la muerte, penetra en nuestro viejo tiempo con su poderosa energía, hasta que todo le esté sometido". (Catecismo # 1169)

Después de la Cuaresma y del Triduo Pascual, estamos listos para celebrar la victoria de nuestro Señor Jesús sobre la muerte, listos para celebrar su Resurrección durante cincuenta días que median entre el Domingo de la Resurrección, hasta el Domingo de Pentecostés y que debemos celebrar con alegría y júbilo, como si se tratara de un solo y único día festivo, como un gran domingo. Y una de las mejores maneras de celebrar este periodo es cumpliendo con las enseñanzas de Jesús, aceptando con obediencia que sus predicaciones eran, son y serán fuente de vida eterna.

Jesús nos dejó en claro que el perdón es prioritario, que no es una opción. Con palabras y con su ejemplo, nos indicó que no hay excepciones para esta regla porque en el perdonar 70 veces 7, incluso a nuestros enemigos, queda cubierta cualquier opción de ofensa, desde la más pequeña a la más vil de todas.

Que es difícil, sí, por supuesto que lo es, para nosotros y con nuestras propias fuerzas, es en realidad imposible lograr el perdonar de esa manera perfecta: sin resentimiento, sin recuerdo, sin torturar la mente y sin soñar ni con un poquito de venganza. Es el amor que Dios pone en nuestros corazones lo que hace posible lograrlo, pero el problema radica en que, por mantenernos alejados de su gracia, todos los insumos que él ha destinado para sostenernos firmes en su voluntad escasean y se esfuman.

Un hermoso ejemplo de lo que hace en nosotros la amistad con Dios lo encontramos en la familia de Robert Godwin, un hombre de 74 años que fue asesinado por alguien tan enloquecido que pudo grabar el vídeo con su ejecución y subirlo a Facebook.

Este asesinato ocurrió precisamente el Domingo Pascual, luego de que la víctima había celebrado familiarmente esta fiesta.

Sus hijos dieron un ejemplo al mundo entero sobre cómo el odio no debe prevalecer ni superar al mandato del amor y el perdón. Ellos manifestaron que su padre les enseñó siempre, a través del ejemplo de su vida, a perdonar y no tener en cuenta el mal. Por eso pudieron expresar: "La cosa más importante que nos dejó mi padre fue lo que nos enseñó acerca de Dios. Cómo temer a Dios. Cómo amar a Dios. Y cómo perdonar".

De este modo, un día después del asesinato y uno antes de que el responsable se suicidara, la familia afirmó: "Cada uno de nosotros perdona al asesino". "Le pido a Dios que me conceda la gracia de incluso abrazar a este hombre". "No tengo ningún odio en mi corazón, sé que es una persona enferma".

Jesús nos dejó en claro que el perdón es prioritario, que no es una opción. Con palabras y con su ejemplo, nos indicó que no hay excepciones para esta regla...

Feminicidio en aumento

Por Elizabeth Zuccardi Porras

Son alarmantes las cifras de asesinatos cometidos contra la mujer no solo en Colombia, sino en el mundo entero. 

Por Elizabeth Zuccardi Porras

Son alarmantes las cifras de asesinatos cometidos contra la mujer no solo en Colombia, sino en el mundo entero. Lo más sorprendente es la cantidad de niñas y adolescentes que están siendo ultrajadas sexualmente, maltratadas, violadas, asesinadas. Lo más aberrante es enterarse de las noticias de niñas de meses de nacidas, siendo bebés y en los primeros años de edad violadas por sus familiares, hasta quitarles la vida, maltratarlas física y verbalmente hasta descuidar su manutención, presentando casos de desnutrición y abandono por el descuido de sus padres. La decadencia de esta sociedad tocó fondo, porque lo que menos se espera de una madre es que abandone a sus propios hijos, ni los animales hacen así, y estas desalmadas mujeres no tienen que ver con el fruto de su vientre. Entonces ya llegamos al fin; ¿qué más podemos esperar que nos ocurra, para abrir los ojos y fijarnos en esta terrible situación, para hacer algo al respecto? Si al violador lo cogen infra ganti, ni aun así lo condenan; si el marido golpea a la compañera no tiene un castigo ejemplar, para que sea de escarmiento para los demás; si una relación de pareja se destruye, la mujer queda en peligro de muerte y no hay quien la proteja. He escuchado personas dándole la razón al agresor, aduciendo que "quién sabe qué estaría haciendo esa mujer, a lo mejor le estaba siendo infiel, o ella se lo buscó, o ella lo provocó por su manera de vestir, o que hacía a esas horas en la calle, o seguramente que es una tal por cual", y así esgrimen argumentos, tan nefastos como la acción misma de la violación o el asesinato.

Aquí en Colombia se reportan 44 casos diarios aproximadamente de mujeres que han sido violentadas y abusadas de diferentes maneras, sin mencionar el alto número de ellas que no denuncian, primero, por temor al agresor, que generalmente es un familiar o su pareja; segundo, porque dependen económicamente de su verdugo y,  tercero, porque no creen en la efectividad de la intervención policial y judicial. Entonces prefieren quedarse calladas, sufriendo y permitiendo que ese hombre siga haciendo de las suyas. Entre el año pasado y este que va en curso ya se han cometido 345 casos de feminicidio. Y entre enero y febrero de este año van 1.446 casos de mujeres lesionadas por su pareja, con el antecedente del año pasado que llegó a 10.664, sin contar con las que no denunciaron los golpes y maltratos no solo físicos, sino también psicológicos que afectan y destruyen la autoestima de la mujer. Los casos de abuso sexual contra niños en los dos primeros meses suman  2.600 que han sido denunciados. 

¿Y los demás? ¿Cuántos serán? ¿Dios mío, qué está pasando? Por lo que veo el diablo se va a quedar sin trabajo, porque estos desalmados le están quitando el puesto; la maldad de los hombres se ha multiplicado tanto que el amor de muchos se enfriará, dice la Biblia, y es que parece inverosímil y difícil de creer que un niño se convierta en objeto sexual de un adulto. ¿Qué atractivo puede tener su apariencia? ¿Qué se cruza por la mente de un violador de niños?

¡Levantémonos en defensa de las mujeres y los niños, por amor a Dios!

Aquí en Colombia se reportan 44 casos diarios aproximadamente de mujeres que han sido violentadas y abusadas...

El poder indeterminado de los libros

Por José Arturo Ealo Gaviria

Libros, zumban por estos días en la Feria Internacional del Libro en Bogotá (Filbo). Los hay a montones. El poder indeterminado de los libros es incalculable.

Por José Arturo Ealo Gaviria

Libros, zumban por estos días en la Feria Internacional del Libro en Bogotá (Filbo). Los hay a montones. El poder indeterminado de los libros es incalculable. Es indeterminado porque ese mismo libro, la misma página, puede tener efectos dispares sobre sus lectores. Exalta o envilece, seduce o asquea, apela a la virtud o a la barbarie, magnifica la sensibilidad o la humilla. 

De una manera que no puede ser más desconcertante, puede hacer las dos cosas, en simultaneidad, en un impulso de respuesta tan complejo, tan rápido en su alternancia y tan híbrido que ninguna hermenéutica, ninguna psicología puede predecir ni calcular su fuerza. En diferentes momentos de la vida del lector, un libro suscitará reflejos completamente diferentes. 

En la experiencia humana no hay fenomenología más compleja que la proximidad entre texto y percepción, o, como observa Dante, entre las formas del lenguaje que sobrepasan nuestro entendimiento y los órdenes de comprensión con respecto a las cuales nuestro lenguaje es insuficiente.

Pero en este diálogo imperfecto –sólo pueden ser plenamente comprendidos los libros fugaces y oportunistas, los únicos cuyo significado potencial se agota– puede haber una apelación a la violencia, a la intolerancia, a la agresión social y política. 

Existe una pornografía de lo teórico, incluso de lo analítico, lo mismo que hay una pornografía de la sugestión sexual. Las citas de libros supuestamente "revelados" –el libro de Josué, la epístola de Pablo a los Romanos, el Corán, "Mein Kampf" (Mi Lucha, de Adolfo Hitler), el Pequeño Libro Rojo de Mao– son el preludio de la matanza, su justificación. La tolerancia y el compromiso suponen un contexto inmenso. El odio, la irracionalidad, la lujuria del poder leen deprisa. 

El entorno o ambiente se esfuma en la violencia del sentimiento. De ahí el dilema profundamente enojoso y problemático de la censura. Es sucumbir a la hipocresía liberal dudar que algunos textos, libros o periódicos puedan inflamar la sexualidad, que puedan llevar directamente a la imitación, hasta el punto de dar a unas vagas pulsaciones estremecedoras una concreción terrible y una urgente necesidad de ser saciadas. ¿Cómo pueden los libertarios justificar el torrente de "erótica" sádicos que inunda hoy nuestras librerías, puestos de revistas y la red? ¿Cómo defender a esta literatura programática del maltrato a niños, del odio racial y de la criminalidad ­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­ciega con que se nos machacan los oídos, los ojos y la conciencia? Los mundos del ciberespacio y de la realidad virtual se saturarán de programas gráficos y revestidos de una pseudoautoridad, de sugestiones en ejemplos validadores de la bestialidad hacia otros seres humanos, hacia nosotros mismos (la recepción, el disfrute de la basura, es automutilación del espíritu). ¿Está equivocado totalmente el ideal platónico de la censura?

Al contrario, los libros son nuestra contraseña para llegar a ser lo que somos. Poseen más ingenio que personas con las que nos topamos, y si su texto es bello seguro que es un triunfo en todos los campos de batalla del pensamiento humano. Su capacidad al dar a luz esa trascendencia ha despertado discusiones, alegorías y deconstrucciones sin fin. Implicaciones metafóricas del icono hebreo-helénico del "Libro de la Vida", del "Libro de la Revelación", de identificación de la divinidad con el "logos", son milenarias y no tienen fin. Hay una suprema victoria sobre la muerte. 

El autor debe morir. Sus obras sobrevivirán: más solidas que el bronce, más duraderas que el mármol, perenne y su constante resplandor en el aire.

El encontrón programado

Por Juan Manuel Ospina

Desde el Viernes Santo me he hecho repetidas veces la pregunta de qué hubieran pensado Misael Pastrana o Álvaro Gómez o Alfonso López o Carlos Lleras o Virgilio Barco no de la reunión, que no la hubo, sino del encontrón programado de los expresidentes Uribe y Pastrana con Donald Trump.

Por Juan Manuel Ospina

Desde el Viernes Santo me he hecho repetidas veces la pregunta de qué hubieran pensado Misael Pastrana o Álvaro Gómez o Alfonso López o Carlos Lleras o Virgilio Barco no de la reunión, que no la hubo, sino del encontrón programado de los expresidentes Uribe y Pastrana con Donald Trump.

Y las razones para que coincidieran en el punto es que no se trató de dos turistas extraviados que se topan con el Presidente de los Estados Unidos, le dan la mano, conversan rápidamente contándole de dónde vienen y finalmente se toman la consabida foto, que por cierto faltó en el encuentro reseñado, sino de dos personas con responsabilidades frente a un país que gobernaron durante doce años, que tienen una representación política de numerosos colombianos y cuyas opiniones pesan, pues no son simples comentarios o quejas respecto a la situación interna del país. Y por esa misma razón no pueden ir alegremente por el mundo exponiéndolas, sobre todo cuando el receptor de sus afirmaciones es nada menos que Donald Trump con todo su poder e impredecible manera de actuar en especial cuando considera que los intereses de Norte América están amenazados, como podría ser el caso de Colombia con el narcotráfico.

Es universalmente aceptado que las diferencias internas, por graves que sean, no pueden entrar a jugar en las relaciones internacionales de los países pues con ello simplemente se debilita su posición y se agravan las diferencias internas, aunque a los interesados les permita obtener ganancias electorales generalmente efímeras. La sabiduría popular definió este punto fundamental de la convivencia y el respeto: la ropa sucia se lava en casa. Si no fuera así, de entrada se confirmaría que sobra un servicio diplomático, costoso e inútil cuando hoy los gobernantes por fuera de todo canal regular, se comunican directamente y tuitean sus posiciones; y la oposición sale al exterior a hacer sus denuncias frente a sectores con los cuales tienen identidad o afinidad política o ideológica, pues no se trata de exponer y aclarar situaciones internas del país, sino de generar un apoyo político a sus planteamientos que presentan como convenientes para el país. Otro punto reprensible del comportamiento expresidencial, es presentar la situación interna del país como una amenaza para la región, equiparable a la situación venezolana donde la voz internacional es fundamental, frente al paso de un gobierno autoritario, el de Chávez, a uno de corte y prácticas crudamente dictatoriales, el de Maduro. Cualquier comparación de la situación de los dos países implica un desconocimiento monumental de la realidad, tal vez se trata simplemente de una expresión criolla de la postverdad, ahora tan de moda especialmente con el contertulio Trump que puede sonarle muy bien. Una realidad que no permite equiparar la desafortunada gestión de los expresidentes con la de la oposición a la dictadura venezolana. Esa falaz comparación simplemente busca agitar el monigote asustador de la amenaza castrochavista, creación de la fértil y políticamente efectiva de la imaginación de Álvaro Uribe.

En fin, el evento del almuerzo del viernes santo, es otro evento significativo del envilecimiento de nuestra política, en momentos en que la coyuntura mundial no está para hacer gracias como la acá comentada, y el país está más desencuadernado que nunca, para rescatar una expresión gráfica y precisa de Carlos Lleras. Urge, hoy más que nunca, cristalizar una gran concentración nacional que permita superar la polarización uribista-santista y poner los problemas nacionales prioritarios no resueltos en la agenda de un trabajo responsable y solidario; menos mal que llega el momento político para hacerlo, única manera de enterrar o al menos marginar unos debates que no conciernen al futuro y mantienen vivo un pasado que el país necesita superar y eso solo es posible con acciones compartidas, no manteniéndose en una pelea estéril para el país nacional y poniendo quejas a los vecinos. Definitivamente ni con Santos ni con Uribe.