Desde la cafetería

Por Ubaldo Manuel Díaz*

La primera vez que mi madre la vio, apagó el televisor. Quejumbrosa se alejó murmurando: ¡las mujeres de hoy no se quieren vestir! Sacando su vieja camándula empezó a rezar por su alma. Una vecina que estaba a su lado se unió a esta cruzada de puritanismo con un hondo suspiro: “Doña Esther esa son las mujeres que pierden a nuestros hijos”.