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Por Redacción El Meridiano | 2017-01-07 00:00:00

En síntesis

Drogas y crimen

Por José Arturo Ealo Gaviria. El nexo entre el consumo adictivo y la conducta delictiva se realiza en niveles como el abuso: supone la sucesión de fallos en el cumplimiento de labores cotidianas, bien sean profesionales, domésticas o diversas actividades, donde son peculiares los delitos por omisión, negligencia grave o riesgo físico intrínseco. También existe la incidencia del uso, elemento clasificable en un determinado tipo penal, como el exceso de sustancias cuya posesión responsabiliza que el hecho sea delictivo por su propia naturaleza (drogas ilegales).

La intoxicación supone la existencia de síndromes específicos debido al consumo de la sustancia particular, y, dependiendo de la capacidad psicoactiva de la misma, puede desembocar en una crisis a nivel psicológico y en una actividad nerviosa de diversa índole.

Éste sería el caso de las anfetaminas o la cocaína, estimulantes que producen una sensación de energía incrementada, y a dosis elevadas, estados de excitación extrema. Asimismo, al igual que el consumo de drogas como la morfina, heroína o éxtasis pueden causar efectos combinados, tanto euforizantes como depresores, y cambios en la percepción sensorial.

En cuanto a la abstinencia, es evidente que las crisis o síndromes específicos ocasionados por el cese o disminución en el consumo de la sustancia implican un deterioro en las áreas de funcionamiento y ocasionan un malestar generalizado a nivel físico y psicológico, derivándose en acciones descontroladas. No existen avales que las habilidades para controlar la abstinencia reduzcan o eliminen de forma súbita los posibles efectos violentos asociados a ellas.

En lo que se refiere a la dependencia, existe especial significación del elemento dependiente psíquico, que supone un deseo irrefrenable en el consumidor por conseguir la sustancia como sea, y recurrir a mecanismos de aspecto antisocial que inciden en su componente delictivo.

Existe cierto paralelismo entre conductas adictivas y habilidades antisociales, particularmente el alcoholismo como factor delincuencial, que puede extrapolarse al consumo de cualquier otra sustancia psicoactiva y de su incidencia en la conducta criminal o delictiva.

A este respecto cabe resaltar la prevalencia de entre un 19 y 49% de personalidad antisocial en los alcohólicos y heroinómanos.

Gracias a los avances tecnológicos se ha podido demostrar que el hecho de consumir un grupo determinado de sustancias psicoactivas tiene relación directa con daños cerebrales. Particularmente la Tomografía por Emisión de Positrones (PET) ha demostrado ser un instrumento útil para detectar el daño neural que produce el consumo de metilenodioximetanfetamina (Mdma), más conocida como "éxtasis", afecta las neuronas productoras de serotonina, que tienen amplia relación con la depresión, agresión y el trastorno de personalidad antisocial.

Se ha investigado al medirse la cantidad de células productoras de serotonina. El resultado ha sido, cuanto más se consumía la droga, mayor era la reducción de la serotonina. Su destrucción se produce de manera natural con el transcurso de los años. Sin embargo, la disminución adicional que provoca el consumo de éxtasis, incluso de forma esporádica, puede ser responsable a largo plazo, de la aparición de una neuropatología aún por determinar. Las drogas pueden agravar los síntomas paranoides y hacer que se cometan crímenes porque los adictos llegan a creer, por ejemplo, que se defiendan contra sus demonios imaginarios.

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Los fármacos que estabilizan el estado de ánimo, como la carbomazepina y el valporato, pueden ser útiles en el tratamiento de los síntomas de abstinencia y, además disminuyen tanto la impulsividad como la agresión.


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