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Por Redacción El Meridiano | 2017-01-11 23:59:00

Diario de un corroncho

Desigualdad no, lo siguiente

Por José Armando Benítez Tuirán

Mi infancia en mi pueblo aunque transcurrió ligada a la pobreza y a la humildad fue una época maravillosa que no cambiaría por otra. Sin embargo, siempre me afectó ver que el desarrollo y las oportunidades que se daban en pueblos vecinos nunca tenían lugar en el mío.

En el artículo de la semana pasada le pedía a los Reyes Magos: Igualdad, un reclamo del ser humano desde tiempos remotos. Incluso Dios hecho hombre logró conquistar los corazones del pueblo predicando que ante los ojos de Dios todos somos iguales. Es una de las demandas más trascendentales para la humanidad, tal vez por que ser de igual condición nos acerca a la posibilidad de un mundo feliz o al menos más justo. Cabe destacar que esta igualdad debe ser al alza, hacia una mejora de todas las condiciones de vida y de todos los derechos fundamentales, no a la baja con el conjunto de la sociedad empobrecida como es el caso de algunos regímenes.

Las sociedades modernas, principalmente las del llamado primer mundo se han acercado a un modelo de sociedad igualitaria a través de la implementación del llamado estado del bienestar. Una forma de gobierno que pretende garantizar a toda la población, sin distinciones, el acceso a todos los servicios y derechos.

El problema de nuestro país resulta más dramático porque no solo se trata de llevar prosperidad a lugares en que más de la mitad de la población mal vive bajo los linderos de la pobreza e incluso de la pobreza extrema, si no que las medidas que se han tomado a lo largo de décadas para revertir esta cruda realidad no llegan -casualmente- de manera igualitaria a todo el territorio nacional.

En estos lugares no hay desigualdad, si no lo siguiente. Es la desigualdad a la hora de pretender resarcir la desigualdad. Por tanto no solo se trata si la política aplicada es de un estado demasiado asistencialista o de un estado provincial en lugar de un estado del bienestar, si no que los mecanismos para llevar a cabo esa política no funcionan correctamente, pues no abarcan a la población más vulnerable siempre que en el camino los recursos destinados a tal fin son secuestrados por el insaciable apetito de los corruptos.

Es necesario que los órganos del estado creados para mitigar la pobreza sean fortalecidos en sus procedimientos y permeados ante el flagelo de la corrupción. De igual manera resulta urgente una depuración del Sisben y de los demás programas asistenciales como Familias en Acción.

Al igual que en mi infancia sigo viendo como mi pueblo sigue relegado. De las 100 mil viviendas gratis no llegó una sola para nuestra gente más necesitada. Así es imposible acabar con la desigualdad.

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Ojalá la llegada mañana del Fiscal General de la Nación se convierta en un punto de inflexión en la lucha contra los carteles y el clientelismo que nos acecha.


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