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Por Redacción El Meridiano | 2015-04-08 00:48:39

Caso Pretelt: La verdad de las tierras

EL MERIDIANO se dio a la tarea de investigar al detalle cómo fue cada una de las negociaciones hechas por la familia Pretelt. Durante tres días estuvimos en la zona indagando si hubo o no presión y amenazas de los Pretelt contra los propietarios de, Alto Bonito y No hay como Dios (La Corona).

Esta es la finca No hay Como Dios (hoy La Corona), que es propiedad del magistrado Jorge Pretelt Chaljub.

Redacción. Mucho se ha especulado sobre la adquisición de tierras por parte de la esposa del magistrado de la Corte Constitucional Jorge Pretelt Chaljub, Marta Ligia Patrón, y se le ha señalado de haber obligado a su venta causando un desplazamiento forzado. EL MERIDIANO se dio a la tarea de investigar al detalle cómo fue cada una de esas negociaciones.

La historia

La familia Pretelt decide comprar unas tierras que sirvan para comenzar una nueva empresa: la siembra de Teca y para ello la mejor es la que colinda entre Canalete (Córdoba), San Pedro de Urabá, Turbo y Arboletes (Antioquia).

El 13 de julio de 1987, el Incora le entregó como parte de la llamada Reforma Agraria un terreno a Manuel Gregorio Hernández Soto (Q.e.p.d.), quien luego de cumplir con la regla de no vender por un tiempo determinado decidió entonces hacer una negociación de su terreno con Ricardo Pretelt Torres (Q.e.p.d.), padre de Jorge Pretelt.

El 24 de octubre de 2001 se firma un contrato de compraventa de 12 hectáreas de tierra por un millón 250 mil pesos cada hectárea, lo que indica que ese predio fue comprado por 15 millones de pesos.

Según los habitantes de la zona, el precio pactado era justo, porque las tierras oscilaban entre un millón y millón 300 mil pesos por hectárea, dependiendo de la calidad del terreno.

La forma de pago que se acordó fue la siguiente: 6 millones de pesos con la firma de la compraventa y el resto una vez se entregara la escritura pública. El predio en negociación fue entregado al día siguiente de la firma del contrato.

Posteriormente, el 29 de noviembre de ese mismo año, al contrato de compraventa entre Ricardo Pretelt Torres y Manuel Gregorio Hernández Soto se le hizo un otrosí, en el que se indicaba que el segundo iba a vender 38 hectáreas más.

Estas se pactaron a razón de un millón 100 mil pesos por hectárea, lo que indica  que ese predio costó 41 millones 800 mil pesos.

 El pago se pactó así: el 26 de diciembre de 2001 se entregarían 12 millones de pesos, el 16 de junio de 2002 otros 12 millones de pesos y el resto se canceló según las medidas que arrojó una medición de terreno, para saber exactamente cuánta tierra era, ya que había una duda por algunos metros de tierra que no estaban claros.

EL MERIDIANO pudo establecer que parte de ese pago se lo hizo Ricardo Pretelt Torres a Manuel Gregorio Hernández Soto en las instalaciones de la librería Domus Libri, propiedad de la familia Pretelt, ubicada en la calle 22 con carrera 2ª en Montería.

La escritura de ese bien inmueble se hizo además con el valor del avalúo catastral de Agustín Codazzi, que en su momento era de 5 millones de pesos. 

El 11 de agosto de 2003, Ricardo Pretelt Torres le vende el predio a Marta Ligia Patrón López, esposa de su hijo Jorge Ignacio Pretelt Chaljub, por lo que el predio queda en manos de la sociedad conyugal que tienen ellos dos.

Por eso es que la escritura aparece protocolizada solo a partir del 2003 en la Notaría Segunda de Montería.

El 14 de julio de 2005,  Marta Ligia Patrón López le vendió esa finca a su esposo Jorge Pretelt Chaljub, quien ahora aparece como propietario.

La denuncia contra Pretelt

Argénida María Hernández Díaz, hija de Manuel Gregorio Hernández Soto, fue quien interpuso la denuncia para que le devuelvan el predio. 

Ella fue el 21 de octubre de 2008 a una sala de atención al usuario del Cuerpo Técnico de Investigaciones de la Fiscalía, en el sector de San Diego, en Medellín. Allí relató que hombres llegaron a la finca de su familia en Turbo, a comienzos del 2002 (su padre había vendido la finca en el 2001) y amenazaron a su padre para que les diera la tierra, el ganado, los caballos, los cerdos y gallinas que poseía.

En su declaración dice: "Mi padre al ver su vida amenazada les entregó las escrituras y se fue sin sacar nada. En este momento hay gente viviendo en esa finca, tenemos testigos de esto a los vecinos que aún existen".

La denuncia de María Hernández pasó a la oficina de asignaciones de la Fiscalía que se la envió a la fiscal 51. Tres años después el caso fue reasignado a un fiscal de Medellín, quien señaló que para el avance de la investigación tenía el inconveniente de que debía resolver primero 900 procesos más que esperaban en su despacho. 

Lo que se respira en la zona sobre el caso

Montería. La compraventa de la finca Alto Bonito fue un negocio legal y sin presiones. Así lo señalan tres de los ocho hijos que tenía Manuel Gregorio Hernández Soto, pese a que una de ellas, Argénida Hernández Díaz, interpuso una denuncia en la Fiscalía contra el magistrado.

EL MERIDIANO estuvo durante tres días en la zona indagando si hubo o no presión y amenazas de la familia Pretelt contra Manuel Gregorio Hernández Soto para que vendiera su predio. Este campesino, quien murió el año pasado a los 90 años de edad, en la casa de su hija Virginia Hernández Díaz, en Sahagún, era un hombre de pocas palabras.

Varias de sus hijas coinciden en afirmar que cuando le preguntaban si él iba a vender, solo decía, que a ellas no les interesaba eso, por eso ellas no supieron nunca de cuánto fue el negocio que se hizo con la familia Pretelt.

Como a Manuel Gregorio Hernández Soto se le murió su primera esposa, después tuvo dos compañeras más, pero al quedarse de nuevo solo decidió vender e irse. 

Una vez este campesino vendió su terreno, no se fue de la zona como lo afirman dos de sus hijas: Emilse y Liney, quienes explicaron que él se quedaba una temporada en casa de cada una y luego se iba para Sahagún, donde su otra hija Virginia, con quien tenía un lazo de confianza mucho mayor, inclusive que con Argénida, quien fue la que interpuso la denuncia.

Durante varios años Manuel Gregorio Hernández Soto estuvo haciendo lo mismo. Tanto no se fue nunca de esa zona que le compró dos hectáreas a dos hijos pequeños que tuvo de su último matrimonio.

En los últimos años de su vida, aquejado por el mal de parkinson y sin poder caminar, es que Hernández Soto se queda definitivamente en Sahagún, bajo los cuidados de su hija.

La noticia de que Argénida María Hernández Díaz interpuso una denuncia sorprendió a todos, más porque esta solo se conoció una vez reventó el escándalo contra el magistrado Jorge Pretelt Chaljub.

Varias de sus hermanas, que dijeron no estar de acuerdo con esa acción, porque el negocio fue legal y su papá vendió por que quiso, dijeron que esa hermana tiene más de 21 años de vivir cerca a Medellín y que ni siquiera el día del sepelio de su padre apareció.

Testimonios

Luis Cabrales, vecino de la zona de El Tomate, Antioquia: "Yo tengo 30 años de vivir en esta región y nunca escuché de que se haya presionado a don Manuel Hernández para vender la finca Alto Bonito. Esos fueron negocios que se hicieron con legalidad (...) A nosotros en la comunidad nos conmovió eso que se dijo que el doctor Jorge Pretelt había despojado a esa gente de sus tierras, el doctor no ha despojado a nadie y los campesinos estamos dispuestos a atestiguar que eso no fue así".

Georgina Morillo, esposa de Edilberto Hernández Díaz, hijo de Manuel Gregorio Hernández, expresó: "En la venta de esa tierra no hubo ninguna clase de presión, eso fue un negocio y listo, más nada (...) Ahí no hubo ningún desplazamiento, porque él siguió viniendo donde las hijas que viven por aquí".

Julio Morelo, quien tiene 44 años de vivir en la zona, dijo: "Yo conozco aquí a todos los que viven y vivieron, y jamás escuché o vi que al señor Manuel Gregorio lo hubieran obligado a vender o que lo hayan desplazado. (...) Recuerdo que cuando el doctor Pretelt (Jorge) venía por acá hacia unos convites, mataba una vaca y nos invitaba a todos, hasta don Manuel estuvo varias veces en esas reuniones (...) Jamás se ha visto al doctor Pretelt revuelto con gente rara".

Pedro Emiro Montes Montiel, vecino de la zona y trabajador de la finca de Manuel Gregorio Hernández, dijo: "Comencé a trabajar con don Manuel cuando tenía como 12 años (...) Cuando don Manuel vendió lo hizo sin presión y creo que más fue porque se quedó solo, sin esposa. El señor Jorge Pretelt no llegó a estas tierras amenazando a nadie".

Virginia Hernández Díaz (hija del primer propietario, Manuel Gregorio Hernández), y Jairo Castro , esposo de ella, afirmaron: "Nosotros fuimos a la librería del señor Ricardo  Pretelt a recibir una parte de la plata. La verdad no pelea con nadie. El señor Manuel Hernández vendió y el señor Pretelt le compró, eso no hubo más nada raro allí.  Yo no estoy de acuerdo con que se haya hecho esa denuncia (...) Don Manuel Gregorio siempre estuvo cerca de la zona, venía un mes aquí, se iba dos meses para allá y en fin, estuvo muy tranquilo siempre".

Calimerio Montes, vecino de la vereda El Pichón, señaló: "Don Manuel Hernández siempre fue una buena persona y nunca tuvo problemas con nadie, mire él ni siquiera se fue en la verdadera época mala, sino que decidió quedarse aquí en lo suyo, hasta cuando quiso vender por sus propios medios".

Rodrigo Jaraba, esposo de Liney Hernández Díaz, hija de Manuel Gregorio Hernández, dijo: "Cuando el señor Manuel le vendió a Ricardo Pretelt este último no lo presionó ni nada por el estilo. (...) Eso que están diciendo no puede ser así y cómo el Gobierno acepta que unas personas de esas metan una demanda de esas cuando las cosas no fueron así (...) Cuando nosotros vimos eso en la televisión dijimos: 'bueno y esta mujer está loca para ponerse en esas cosas".

Liney Hernández Díaz, hija de Manuel Gregorio Hernández, señaló: "Mi papá era un señor que no le decía nada a ninguno, lo que sabemos es que él vendió su tierra a su gusto. Cuando uno le preguntaba algo él decía: y para qué quieres saber (...) El nunca nos dijo que el señor Jorge Pretelt lo haya obligado a vender y yo digo que esa fue una venta voluntaria".

Emilse Hernández Díaz, hija de Manuel Gregorio Hernández, sostuvo: "Yo del negocio solo se que él nunca dijo que ese señor Pretelt lo había presionado para que le vendiera, eso no (...) Después que él vendió la finca estuvo tranquilo por aquí, nunca se fue desplazado (...) Esa hermana de nosotros no habla conmigo hace mucho rato, ella no nos comunica nada, cuando mi papá vendió esa tierra creo que mi hermana no vivía aquí y pensamos que cuando mi papá murió ella iba a venir, pero nada".

Los entrevistados le dijeron a EL MERIDIANO que muchos de los que vendieron a satisfacción, hace varios años en esa zona del Urabá antioqueño, ahora quieren regresar diciendo que fueron despojados de sus tierras por grupos violentos.

Hoy, finca La Corona

Las verdades de 'No hay como Dios'

Redacción. La finca La Corona (también conocida con el nombre de 'No hay como Dios') es uno de los predios del magistrado Jorge Pretelt Chaljub que hoy está en el ojo del huracán por una supuesta adquisición indebida ante las denuncias de un presunto desplazamiento de antiguos propietarios, aunque los testimonios y documentos señalan todo lo contrario.

Todo se remonta a febrero del año 1999 cuando a una pequeña oficina de la carrera 50 de San Pedro de Urabá llegó Reynaldo Pascual Villalba Alarcón, quien buscó los servicios de Saúl Caballero Pupo para que les elaborara un poder de venta de la finca 'No hay como Dios', hoy La Corona.

EL MERIDIANO habló con Caballero Pupo, un reconocido dirigente y quien por casi cinco décadas ha sido el escribiente del pueblo, quien manifestó que recuerda perfectamente el trámite de la finca de 71 hectáreas ubicada en un paraje conocido como Puya, en jurisdicción del municipio de Turbo, Antioquia.

"A mi oficina viene la gente voluntariamente y así lo hizo Reynaldo Villalba, quien me solicitó que fuera apoderado de él y de sus cinco hermanos para las escrituras en la venta de una finca y todo se hizo en el marco de la legalidad en la Notaría de Arboletes", señaló Caballero Pupo.

También recuerda que uno a uno fueron llegando, a lo largo de 1999, los cinco hermanos Villalba Alarcón y un Villalba Tirado (hermano medio de los otros) a firmar el poder (Ver facsímil 1).

"Yo lo que tengo que decir es que vinieron  los seis hermanos, firmaron y nunca los vi presionados y tampoco nunca me comentaron nada. Solo que tenían la intención de vender la finca. Luego de que todos firmaron y se autenticó el poder, el 30 de diciembre de 1999 se legalizaron las escrituras en Arboletes y todo fue a satisfacción", manifestó Caballero Pupo, quien además sostiene que no conoció a Evelio Enrique Díaz Yánez, quien era el comprador del predio, que desde 1989 estuvo en manos de la familia Villalba.

Cambia de dueño

Aunque las escrituras solo fueron legalizadas en diciembre de 1999, Díaz Yánez ya tenía posesión del predio con mucha anterioridad, toda vez que había cancelado los 8 millones de pesos que le habría costado el terreno.

A mediados del año 2000, aparece en el panorama la familia Pretelt Patrón, la cual muestra interés en adquirir la finca La Corona.

Luego de varias semanas de negociación con Evelio Díaz Yánez, se logra un acuerdo económico por 35 millones de pesos y Marta Ligia Patrón López, esposa del magistrado Pretelt adquiere el predio el 7 junio del año 2000, cuando se firma la escritura a su nombre. 

El documento establece que el dinero se pagó en tres partidas. Un cheque de gerencia del Banco de Colombia por 20 millones de pesos y dos cuotas más de 7 millones 500 mil pesos cada una para cumplir el acuerdo pactado.

Lo curioso de este negocio es que Patrón López no conocía el bien y que el negocio se dio por recomendación de allegados al magistrado; incluso, al momento de firmar la escritura la nueva propietaria debió enviar desde Bogotá un poder facultando a su suegra, Miriam Chaljub de Pretelt (q.e.p.d.), para que adelantará el trámite. (Ver facsímil 2).

Siete años después (2007) Martha Ligia Patrón López le vendió La Corona a su esposo, el magistrado Pretelt Chaljub, quien actualmente es su propietario.

Vendían porque pagaban el doble

Luego de vender en 1999 la antigua finca 'No hay como Dios' y de firmar escrituras junto a sus hermanos, Reynaldo Villalba Alarcón denunció presiones para salir de la zona y en 2006 acudió a las autoridades.

"Tuve que salir para Montería con mis 11 hijos y mi esposa. Yo no quería vender mi tierra", le dijo a los medios nacionales Villalba Alarcón.

En sus declaraciones a medios nacionales, Reynaldo Villalba afirmó que en 1992 ingresaron los paramilitares a la zona y lo obligaron a salir.

Sin embargo, habitantes de veredas como Porvenir Antiguo, El Viejo y Puya, le dijeron a EL MERIDIANO algo muy diferente.

Julio Morelo, campesino que lleva 40 años viviendo en el sector del que es líder manifestó: "Reynaldo Villalba puso una denuncia diciendo que vendió y tuvo que dejar 30 vacas y un toro. Eso es falso. El día que él se fue para Montería durmió en mi casa, cogió un carro y se llevó unos marranos que era lo único que tenía. Cuando Reynaldo se fue esto aquí era tranquilo. Aquí la única presión que había, era que estaban pagando la hectárea a 50 mil y 60 mil pesos y de un momento a otro comenzaron a pagarla a 100 mil y 150 mil pesos. Muchos aprovecharon y vendieron".

Pero Morelo fue más allá e hizo una revelación: "Él le vendió una finca a su hermano Adniel Villalba Alarcón (q.e.p.d.), quien varias veces me dijo que Reynaldo lo tenía presionado para que le devolviera un millón de pesos por hectárea porque esas tierras se las vendió muy baratas. Si le hizo eso al mismo hermano, que queda para los demás".

Algo similar señalan los hermanos Pedro Emiro y Calimerio Montes Montiel, quienes le afirmaron a este medio que han dialogado con Octaviano y Ubaldo Villalba, hermano y sobrino del denunciante, respectivamente, y ambos están en desacuerdo con lo que hace su familiar.

"Octaviano siempre nos ha dicho que él va a decir la verdad y que siempre decía que no vendieran la finca, pero Reynaldo insistía en que de ella se estaban aprovechando los que vivían ahí (Ubaldo y Pedro Emiro)".

Los hermanos Montes Montiel, que han vivido toda su vida en la zona, dijeron sobre Evelio Díaz Yánez, que era un vaquero y trabajador en varias fincas. "Nunca supimos si tenía vínculos con algún grupo", señalaron.

Lo que dice Pretelt

El magistrado Jorge Pretelt Chaljub ha defendido la legalidad de la adquisición de la finca 'No hay como Dios', hoy La Corona, aduciendo que nunca fue notificado de un despojo de tierras en ese sector de Antioquia.

"Si yo compré unas tierras que en el pasado fueron de una persona que la sacaron por despojo, acudiré en mi defensa si tengo el derecho, pero jamás me quedaré con 5 o 8 hectáreas de tierra que es lo que reclama una persona", advirtió el magistrado.

Unidad de Tierras

Entre tanto, Ricardo Sabogal, director de la Unidad de Restitución de Tierras, señaló que al magistrado Pretelt le solicitaron que presente la información que da cuenta de la legitimidad de sus derechos sobre los predios y cómo llegó a ellos.

"Cuando tengamos esa versión, así como la de las víctimas, más la que nosotros recolectemos, estaremos decidiendo si el caso merece ir ante un juez o si definitivamente no lo llevamos", manifestó Ricardo Sabogal.


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Comentarios
Ciudadano Preocupado
Pago el señor Pretelt por este articulo? o le estaran pagando un favor?
Jose vicente mendez oviedo
Resulta completamente extraño el trabajo que se ha tomado este medio para seguir defendiendo a Jorge Pretel, aunque no tengo nada en su contra me parece que el magistrado no es digno de ostentar ese cargo, pero repito este trabajo investigativo que se ha hecho por parte del meridiano huele a mandado del magistrado, porque si me dicen que es un articulo cualquiera yo les dijera como en su juan de los charcos, tu le crees denis?