EN DIA7 SUCRE

EN SUCRE > EN DIA7 SUCRE > REDACCIÓN
Por Redacción El Meridiano | 2016-09-11 10:00:00

Andrés, el sanmarquero que cautivó a Google

Andrés Felipe Romero Vergara y su padre, el ginecólogo Antonio Romero Guzmán, visitaron EL MERIDIANO.

Desde niño, el ingeniero biomédico Andrés Felipe Romero Vergara --26 años-- soñó con cambiar el mundo.

Ese sanmarquero, que cautivó a Google con un proyecto sobre acción dinámica de reconocimiento facial tridimencional, veía caricaturas de "hombres biónicos" que hacían cosas imposibles para los humanos. "Siempre me dije: quiero hacer algo nuevo por la humanidad, marcar mi precedencia", expresa.

Y parece que va por buen camino. Este año, Google decidió extenderle la financiación de su propuesta innovadora. En 2015, cuando su proyecto ganó,  el premio fueron 700 dólares, unos 2 millones 100 mil pesos mensuales durante un año. En ese momento era estudiante de maestría. Hoy, recibe 1200 dólares (3 millones 600 mil pesos).
Las dos veces, Andrés Felipe le ganó a otras propuestas de América Latina.

'Fue difícil, porque hubo más bombo'

"Esta vez fue más difícil porque hace un año no había tanto bombo. Fue en Brasil. El año pasado se presentaron 300 y algo propuestas, pero esta vez fueron más de 500. El año pasado escogieron 12. Este año, 17, entre ellos quedamos nosotros", narra Andrés Felipe.

Andrés estudió la primaria en el colegio Latinoamericano y la secundaria en el María Auxiliadora. De ambas instituciones han egresado jóvenes sanmarqueros ejemplos a seguir.

"Nosotros pensamos que a Google esto le llamó la atención porque puede saber qué estás sintiendo cuando estás navegando. Si estás triste, pues te manda publicidad que te quite la tristeza, y si por el contrario estás feliz, te manda publicidad que te suba la alegría. El primer negocio de Google fue la publicidad. Por el lado de la medicina: detectar una crisis de epilepsia en una persona es muy difícil. Si yo puedo saber en qué momento le va a dar, así sea en un minuto o 30 segundos, puedo estar preparado. Hay ciertos estudios  que dicen que la epilepsia se manifiesta en la cara. También puede servir para otras cosas: imagínate un mundo en el que tu celular te diga que estás triste y  te recomiende algo. Se me pone la piel de gallina cuando pienso en eso", anota.

Todavía falta el concepto humano

Admite que todavía falta para que esto se haga realidad. Aunque parezca extraño, se necesita la ayuda de sicólogos que conceptúen sobre la parte anímica de los humanos.

"A finales de los 60, alguien se creó un diccionario de las microexpresiones. Al principio creó 60,  y han aumentado. Necesitamos ayuda de la parte humana. Es pensar un poco más allá. Por ejemplo, cómo le enseño a un computador el concepto de la felicidad. De esa manera nos salimos de la ingeniería y nos metemos en la condición humana".

No tiene que salir de su país

Para que su idea se haga realidad, considera, no tiene que salir del país. La señal más clara la mostró Google al financiarle la prepuesta. "Nosotros aquí en Colombia hacemos cosas que se pueden llevar a cabo sin necesidad de ir a otra parte", reitera.

Sin embargo, es consciente de que Colombia es un país que no diseña, pues prefiere importar.

Todo en la vida de Andrés Felipe no ha sido alegría. Cuando terminó el pregrado enfrentó una etapa difícil porque muchas empresas en las que  pidió trabajo no le abrieron las puertas. Les parecía que era un profesional con  un mundo de conocimientos, pero le faltaba profundizarlos.

Pensó en estudiar medicina

Debido a eso, pensó comenzar de cero la carrera de medicina. El conflicto que enfrentaba Andrés era complejo. Su carrera (ingeniería biomédica) consiste, entre otras cosas, en revisar equipos médicos, pero él no se quiso conformar con eso. "No solo quiero repararlos. Quiero hacerlos", agrega.     

Deseos de Andrés

Este joven, docente de la Universidad de Los Andes, imagina sus últimos días en una playa donde pueda vivir de la pesca, lejos del ambiente moderno y caótico en el que se desenvuelve fácil.

Eso sí, en ese paraíso dibujado por su mente no podría faltar algo: un celular que le permita ver lo que transcurre en el resto de un mundo que se le quedó pequeño. 


Compartir
Sin comentarios, sé el primero en comentar.