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Por Redacción El Meridiano | 2017-01-07 00:00:00

Acerca de avances científicos del 2016

Por Jaime Padrón Benítez. Un siglo después de que Albert Einstein dio a conocer la Teoría General de la Relatividad los astrofísicos de hoy día lograron demostrar la presencia de ondas gravitacionales, algo que el mismo Einstein puso en duda de poder ser demostrado algún día. El descubrimiento de este fenómeno ha sido rankeado por comités de científicos como el más grande anuncio del año pasado. Inicialmente eso le brindará al hombre la posibilidad de escudriñar mejor el universo y estudiar de manera indirecta los agujeros negros; aunque la ciencia tiene filtros egoístas condicionados por fuertes intereses económicos y militares las esperanzas de que aparezcan tecnologías que mejoren la vida civilizada y en paz estarán latentes.

Otro avance para dilatar las pupilas del asombro es el avance de la inteligencia artificial. Gordon Moore, cofundador de Intel (microprocesadores), promulgó un dicho que se ha convertido en la Ley de Moore. Según dicho axioma la velocidad de un procesador se duplica cada 12 meses. La inflación informática. Compras un computador hoy, y al año ya tiene telarañas de obsolescencia. Nada más miren sus teléfonos celulares y evoquen hace apenas dos lustros lo que eran sus equipos. Recuerdo la hiperinflación en Argentina en la que ibas a un restaurante y te convenía pagar la cena antes de comerla, ya que a la hora de servir el postre los precios habían subido. Negar el poderío increscendo de la inteligencia de las computadoras y sus aplicaciones es de necios. Las cámaras, los drones, los robots nos desplazan, se apoderan de la vida rutinaria de la humanidad y tenemos que adaptarnos. Las compras cambiaron, el consumo también, se me ocurre que la lucha contra el delito mejorará, la impunidad deberá decaer al mejorar la obtención de las pruebas. La robótica médica se convierte en una herramienta para darnos calidad de vida y prolongarla, todo gracias al salto cuali cuantitativo de la inteligencia artificial predicho por Moore.

La ingeniería genética merece nuestro ultimo párrafo. Desde la irrupción en Escocia de Dolly, el primer mamífero vertebrado clonado en 1996, hace apenas cuatro lustros, este aparte de la ciencia ha dado saltos agigantados aunque también con ciertos frenos ético-religiosos y políticos, al punto de que el mismo Clinton quiso implementar una especie de veto hacia estas investigaciones. Lo cierto es que esto crece como una bola de nieve. El genoma humano es un rompecabezas resuelto parcialmente. De 80.000 genes que pensábamos tener resulta que solo tenemos 20500, no somos muy superiores a un gorila o a un ratón, al menos en numero de genes. De esos veinte mil genes un pequeño porcentaje es el que aparentemente decide la fabricación de proteínas y el resto de ese ADN (casi el 70%) ha sido llamado despectivamente "ADN Basura" al menos hasta que la ciencia le encuentre funciones determinantes. ¿Qué es lo que importa para el diario vivir? Pues que después de Dolly siguió Polly una oveja clonada y manipulada genéticamente para que en su leche recogiéramos alfa uno antitripsina una molécula útil para los pacientes con fibrosis quística, luego la industria de la genética ya está produciendo antibióticos manipulando microorganismos, produciendo insulina humana manipulando otras especies (el cerdo). Lo mismo puede hacerse con proteínas útiles en el tratamiento de hemofilias. Otro horizonte que se abrió activamente en 2016 fue el de manipular nuestro genoma y evitar las famosas mutaciones que dan lugar a las tristemente célebres enfermedades huérfanas o raras que son calvarios para las familias que las albergan y para las EPS que tiene que costearlas. 

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Hablando de envejecer, de telomeros, de células madres y cultivos de tejidos,  hay una concepción optimista entre ciertos círculos interesados en los tratamientos antiedad, de que el primer ser humano destinado a vivir mil años,  ya está entre nosotros.


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